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Mi preocupación por la cultura


En las dos entregas anteriores, hablé de cómo me fui interesando en la cultura, primero teniendo un marco organizacional y luego uno artístico. Ahora el tema es sobre las manifestaciones culturales de nuestra ciudad.

Poco después (de estar en México) regresé a Panamá y me pareció aplastantemente cierto que había que escribir en las hojas posibles, escribir para despertar, pues. Y es que Rosa Montero dijo, en una feria del libro panameña, que escribir es una manera de pensar y la frase me pareció ciertísima.

Como toda mi vida he habitado entornos urbanos, a mi literatura no le quedó más que apellidarse Urbana, por lo menos para que no dijeran que era huérfana o, peor aún, hija del lechero.

 

Recuerdo que en el año 2003 fui a Bogotá para un encuentro de escritores jóvenes que se ocupaba justamente de ese tema: narrativa urbana, y que presenté la ponencia que se titulaba ‘Hacia una cultura de las muchas culturas’. El escrito situaba a Panamá en perspectiva de la reciente entrega del Canal interoceánico e hice una revisión de las razas que han pasado por nuestro suelo y por nuestra sangre y por ese camino de nuestras creencias que hoy tiene más huellas que una playa en verano, ese que podrán seguir nuestros hijos si sabemos dotarlos de brújula humana.

Entonces hablé de la abuela negra, tan tenida a menos a veces, y de los modernistas de principio del siglo veinte que intentaron poetizar sobre nieves y níveas damas que casi nunca o nunca, veían a su alrededor.

Por esas fechas conocí a Salvador Medina Barahona, poeta que me acompaña en este viaje, y a Edilberto “Songo” González Trejos y a otros muchos escritores jóvenes que, al igual que yo, parecíamos ser extranjeros en nuestro propio país, llegados en un viaje directo desde la adolescencia a la juventud, convencidos completamente de que la decoración del lugar de arribo no era la adecuada.

 

Comenzamos a escribir. Pero además de escribir, comenzamos a actuar, a promover, a reír no solo en las hojas de nuestras libretas, sino en algunos muros de Panamá Capital Panamá, en los anaqueles de las librerías; rompimos el silencio del no cambio, pero también, estrellarnos así, tan de frente, provocó que se fueran agrietando la coraza de nuestra ingenuidad. Hoy mantenemos nuestros esfuerzos de promoción literaria, pero no somos los mismos: hemos alcanzado nuestra propia madurez.

Hasta aquí el recorrido sobre cómo la cultura –la cultura viva– me modeló.


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679046
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América