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Miguel Angel Rodríguez y otros presidentes

Cuando en las cuarentiocho horas siguientes me llegó la noticia de las acusaciones en su contra en el caso ICE -Alcatel y de lo insuficiente e inadecuado de su explicación, lo cual hizo necesario que renunciara a la Secretaría de la OEA, quedé estupefacto. Experimenté los sentimientos los más encontrados: profunda desilusión que sólo nos puede producir alguien en quien tuvimos mucha confianza.


En torno a 1980, con los buenos oficios de Arístides Calvani, en ese entonces Secretario General de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), se logró en Costa Rica culminar el largo esfuerzo por forjar la Coalición Unidad, con los partidos Renovación Democrática, Unión Popular, Demócrata Cristiano y Republicano calderonista. Ésta presentó una alternativa electoral encabezada por Rodrigo Carazo, en oposición a Luis Alberto Monge como candidato por el partido en el gobierno, el Partido Liberación Nacional, social demócrata, cuyo jefe histórico era Don Pepe Figueres. La victoria de Carazo selló la integración del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).
De allí en adelante, desde la elección de 1978 hasta la más reciente celebrada en el 2002, la vida política costarricense ha sido básicamente bipartidista. Siete presidentes fueron electos durante este lapso: cuatro socialcristianos, a saber Rodrigo Carazo Odio ("78-"82), Rafael Angel Calderón Fournier ("90-"94), Miguel Angel Rodríguez Echeverría ("98.-"02) y Abel Pacheco de la Espriella ("02-"06), y tres socialdemócratas, a saber Luis Alberto Monje Álvarez ("82-"86), Oscar Arias Sánchez ("86-"90) y José María Figueres Olsen ("93-"98).
Entre los últimos el más sobresaliente y popular es Oscar Arias, que las circunstancias sugieren sería nuevamente electo en las próximas elecciones ahora que la última reforma de la constitución costarricense le permite a un presidente reelegirse después de pasado un período presidencial. Entre los socialcristianos hasta ahora el más popular por el mayor tiempo ha sido Rafael Angel Calderón Fournier, el más iconoclasta y original es Abel Pacheco, y el más destacado y académicamente reconocido es Miguel Angel Rodríguez.
Rodríguez como profesional es a la vez abogado y economista de excelente formación, habiendo hecho su licenciatura en ambas disciplinas en la Universidad de Costa Rica y su maestría y su doctorado en economía en la Universidad de California en Berkeley. Desde muy temprano ejerció la docencia y en los últimos meses había vuelto a ejercerla en la Universidad George Washington en la capital de los E.U.
Miguel Angel no ha sido un puro teórico. Sus conocimientos económicos le han permitido ser en la práctica asesor de grupos empresariales, miembro de juntas directivas bancarias y representante de su país en diversas conferencias e instituciones económicas internacionales. Él mismo fue empresario con sus éxitos y sus dificultades. Estas dificultades han estado vinculadas a los costos que representó para él la actividad política.
De los 26 a los 40 años tuvo importante experiencia en la rama ejecutiva del gobierno, como Director de Planificación, Consejero del Presidente, Ministro de Planificación Nacional y luego Ministro de la Presidencia, a partir de la presidencia de Don José Joaquín Trejos (1966-1970). Como resultado de sus conocimientos y de su experiencia ha publicado tanto estudios técnicos en su ramo como libros sobre política económica, para el público en general y el público lector-elector en particular.
Con estos antecedentes era de esperar que participara en la política electoral. Fue diputado por el PUSC de 1990 a 1994 y Presidente de la Asamblea de 1991 a 1992. Fue precandidato a la presidencia una primera vez en 1993-1994. No rehuyó entonces enfrentarse al caudillo contemporáneo del calderonismo dentro del PUSC, a saber a Rafael Angel Calderón Fournier quien suscitaba gran simpatía, en parte como reflejo del innegable carisma de su padre, el gran Presidente de "las garantías sociales" de Costa Rica, Rafael Angel Calderón Guardia (1940-1944). En dicha confrontación Miguel Angel era visto como el político de la modernidad, mientras que a Rafael Angel se le veía como el político más tradicional .
De pensamiento neoliberal, cuando se inició en el PUSC, Miguel Angel Rodríguez sintió la necesidad de ser coherente consigo mismo y con el partido e hizo un esfuerzo admirable por evolucionar en su pensamiento hacia la dimensión social, especialmente de justicia social, que caracteriza al socialcristianismo y por ende al calderonismo. Formuló lo que llamó "el triángulo de Solidaridad", que "se construye a partir de la acción integrada de las comunidades, las municipalidades y el gobierno", según el libro Soluciones para el futuro, que contiene su programa de gobierno para 1998-2002.
La segunda vez que lo intentó, insistió en que su campaña girara alrededor del esfuerzo en el que participaron activamente miles de copartidarios e independientes para elaborar lo que se llamó la Carta Social Cristiana a Costa Rica. Dicho documento conjugó magistralmente el humanismo cristiano, por una parte, con su insistencia en una sociedad solidaria y subsidiaria, y la economía de mercado, por otra parte, en una versión costarricenses de la economía social y ecológica de mercado.
En la carta se leía: "Estamos comprometidos con los valores de la moral en todos los campos. Consideramos indivisible la conducta de los seres humanos. No caben separaciones entre conducta de las personas en función de su trayectoria pública o privada. Admitimos que nuestra participación en la vida política nos expone al escrutinio popular y reconocemos el derecho de todos los ciudadanos a demandar respuestas a todas sus interrogantes. La nobleza de la política y la fortaleza de la democracia dependen, en gran medida, de la trasparencia que en todos los actos de su vida exhiban los dirigentes políticos, los servidores públicos y las instituciones. Los partidarios o dirigentes que utilizan el poder político para su propio provecho deben ser sancionados y alejados de sus cargos. La lucha contra la corrupción es una prioridad a la que nunca debemos renunciar."
A todas luces la presidencia de Miguel Angel Rodríguez fue buena, en algunos aspectos hasta muy buena. Al elegir como su sucesor a un miembro de su propio partido, Abel Pacheco, quien se enfrentó al líder tradicional contemporáneo que apoyaba a otro miembro del PUSC, mientras Miguel Angel sentía simpatía por Pacheco, el electorado costarricense cuando le dió el triunfo a Pacheco indirectamente le hizo un reconocimiento a Miguel Angel. Abel por ello aprovechó el discurso la noche de su victoria para felicitarlo por el gobierno que había presidido. Varios de los Ministros de Miguel Angel fueron nombrados Ministros por Pacheco. Además, la elección de Rodríguez como Secretario General de la OEA, a pesar de que su candidatura no tuvo el apoyo inicial de los E.U. revela que para sus colegas, cuyos países son miembros de la OEA, Miguel Angel había sido un presidente exitoso que merecía su confianza para responsabilidades políticas de alcance continental.
De Miguel Angel Rodríguez he sido amigo durante más de un cuarto de siglo. Hemos conversado y discutido en múltiples ocasiones, dentro de una comunidad de valores y principios. Aunque evidentemente no concordábamos en todo, concordábamos en lo esencial. Siempre lo vi actuar razonablemente, con sensatez, corrección y civilidad. Para él la política contaba, pero no por si sola, sino con la vida intelectual que debía orientarla y con la vida espiritual que debía animarla. Se reconocían en su proyecto político el extracto de las características que han hecho de Costa Rica hasta ahora un oasis en América Latina.
Estuve en su toma de posesión como presidente en San José en 1998. Cuando Miguel Angel fue a tomar posesión de su nuevo cargo como el recién electo Secretario General de la OEA, viajé a Washington para estar presente en un acto que lo consagraba, a mi juicio, como el más destacado hijo del Istmo Centroamericano hoy en día y, en consecuencia, como un latinoamericano ejemplar para nuestro tiempo. Sentí una satisfacción profunda cuando en su discurso destacó el deber de la OEA para con Haití y subrayó la dimensión social que debía tener toda actividad de la OEA. Allí estaba la enseñanza y el ejemplo de Calvani, que fue maestro de todos los demócratas cristianos de nuestra generación en América Latina, sobre la preferencia por los más pobres ( "los últimos" que han de ser "los primeros" según los Evangelios) y sobre la primacía de lo social.
Cuando en las cuarentiocho horas siguientes me llegó la noticia de las acusaciones en su contra en el caso ICE -Alcatel y de lo insuficiente e inadecuado de su explicación, lo cual hizo necesario que renunciara a la Secretaría de la OEA, quedé estupefacto. Experimenté los sentimientos los más encontrados: profunda desilusión que sólo nos puede producir alguien en quien tuvimos mucha confianza. Al mismo tiempo, sentí un rechazo tajante e iracundo a la duplicidad de la que fuimos objeto los familiares, amigos y electores. Pero también sentí un hondo pesar por quien pudo destruir lo mucho que hizo de positivo durante una vida de trabajo y lucha, destruyendo así parte importante de su personalidad moral. Un viejo dicho teológico me vino a la mente: debemos odiar el pecado, pero amar al pecador.
Por lo demás, desprestigiar sus realizaciones objetivas sería absurdo, porque sería incrementar por nuestra parte el grave daño que él le ha causado a su país y a las personas que lo siguieron que injustamente suelen compartir el descrédito que una actuación inmoral de su líder genera.
Después de mucha reflexión angustiada llegué a la conclusión que no guardaría silencio, pero que tampoco pondría fin a nuestra amistad personal, sino que buscaría que el amigo tomara plena conciencia, si ya no la había hecho, del mal que había cometido contra la comunidad, su prójimo y Dios, y que tratara de encontrar formas de compensar por no sólo el daño material, sino también e daño espiritual de su actuación.
El escándalo alcanza de diferentes maneras hasta ahora a por lo menos dos otros expresidentes de Costa Rica, a saber Rafael Angel Calderón Fournier en el caso CCSS-Fischel y José María Figueres, quien ha debido renunciar al cargo de director ejecutivo del Foro Económico Mundial con sede en Ginebra, en otra dimensión del caso ICE-Alcatel. Hay quienes buscan extender el escándalo a todos los que hayan recibido por cualquiera razón fondos del gobierno de Taiwán, incluyendo a la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano.
Es evidente que el Fiscal General de Costa Rica y más ampliamente el Órgano Judicial han demostrado su poder real y su independencia de criterio. Ellos son los que nos dan esperanza de que Costa Rica saldrá del hueco en el que ha caído y lo logrará no renegando de su democracia, sino reformándola y perfeccionándola desde lo hondo de su cultura política hasta la cumbre de su poder político.
Estas características desgraciadamente casi no existen en Panamá. En nuestro país un Procurador honrado debe pasar buena parte de su tiempo deshaciendo los intentos de legisladores junto con Magistrados de la Corte por hacerlo renunciar y de diversas maneras reducirle sus facultades legales, como hizo la Asamblea por la Ley 59 del 29 de diciembre de 1999. De hecho mediante los artículos 7, 8 y 9 de dicha ley, se estableció que cualquiera denuncia por enriquecimiento injustificado se hará ante la Contraloría, no ante el Ministerio Público, que la Contraloría, iniciará el proceso para determinar si los hechos denunciados constituyen un tal enriquecimiento efectivamente y sólo si la Contraloría determina que existe el mismo deberá remitir copia auténtica de lo actuado a la Procuraduría. El Magistrado Adán Arnulfo Arjona., salvó su voto, explicando el 13 de mayo del 2004: "La Ley 59 de 1999 crea sin sustento constitucional una especie de prejudicialidad respecto al delito de enriquecimiento patrimonial no justificado, al dar a entender, a mi juicio en forma errónea, que la Contraloría General de la República es a la que le corresponde en investigar en primera instancia y si estima el enriquecimiento injustificado debe remitir lo actuado a la Procuraduría General de la Nación.
En nuestro país una Presidenta considera que puede usar cuantiosos fondos públicos para comprarse por cuenta del Estado lujosísima vestimenta, múltiples joyas, mientras comete numerosas violaciones a la honestidad y a las buenas costumbres. El poder ejecutivo puede ser acusado de sobornar a miembros del legislativo con la finalidad de pervertir al poder judicial, y la investigación correspondiente no puede prosperar porque numerosos legisladores se acorazaron con la inmunidad de la que gozaban a menos que ellos mismo votaran levantársela; un legislador pudo mostrar por televisión los miles de dólares que le fueron dados para sobornarlo por una empresa privada, y la empresa no sufre ningún castigo y el legislador es reelecto por más de 60% de su electorado con el apoyo político público de la Presidenta. Y en nuestro país el Procurador inició una investigación que llevó a juicio a un Magistrado de la Corte por venal y, aunque esto se sabía entre otros Magistrados, Legisladores, abogados, comunicadores sociales y todo el mundo económico la oposición de ese entonces politizó el juicio y defendió al acusado a capa y a espada, con sus votos legislativos evitó que lo condenaran de manera que el acusado retornó a su Magistratura, osó proponerle a la Presidenta que él renunciaría si el podía escoger su reemplazo en la persona de un familiar, y cuando se retiró, recibió del Estado la suma de aproximadamente $300, 000 en salarios caídos por el tiempo que estuvo de licencia durante la duración del juicio.
Dependerá de los nombramientos que se hagan en la Contraloría, las Procuradurías y las Magistraturas en la Corte Suprema y también de un inequívoco e indubitable liderazgo de nuestro nuevo Presidente y su equipo, con el apoyo y la participación de los dirigentes de la sociedad civil, para que podamos frenar primero y luego reducir
drásticamente la corrupción, aproximándonos así al ideal de 0 corrupción.
La democracia sufre hoy más que nunca de lo que llamaría una nueva vulnerabilidad, ya no tanto ante el peligro exógeno de los militares, sino ante el peligro endógeno a veces debido a graves problemas económicos y lo más frecuentemente de tales problemas y/o a la corrupción.
Si recorremos el panorama de presidentes electos de las últimas décadas después de la caída de las dictaduras militaristas, nos encontramos:
  1. Por lo menos 11 presidentes han sido depuestos, por iniciativa de civiles con relativamente poco impulso de los militares, a saber Antonio Guzmán ("82 Rep. Dominicana), Raúl Ricardo Alfonsín ("89 Argentina), Fernando Collor de Mello ("92 Brasil, Jorge Antonio Serrano Elías ("93 Guatemala), Carlos Andrés Pérez ("93 Venezuela), Abdalá Bucarán ("97 Ecuador), Raúl Cubas Grau ("99 Paraguay), Jamil Mahuad Witt ("00 Ecuador), Alberto Fujimori ("00 Perú), Fernando de la Rúa ("01 Argentina), Gonzalo Sánchez de Lozada ("03 Bolivia) y Jean Bertrand Aristide ("04 Haití). Rafael Angel Calderón Fournier ("04 Costa Rica), Alfonso Portillo ("04 Guatemala),

  2. Otros 11 presidentes terminaron su período, pero tuvieron al salir de la presidencia o algún tiempo después graves problemas judiciales y/o legislativos por acusaciones de corrupción y/o mal manejo de la economía: Salvador Jorge Blanco ("87 Rep. Dominicana), Alan García Pérez ("85 Perú), Rafael Callejas ("94 Honduras), Carlos Salinas de Gortari ("94 México), Ernesto Samper ("98 Colombia), Carlos Saúl Menem("99 Argentina, Juan Carlos Wasmosy ("02 Paraguay), Luis González Macchi. (03 Paraguay), Rafael Angel Calderón Fournier (04 Costa Rica), Miguel Ángel Rodríguez ("04 Costa Rica) y José María Figueres (04 Costa Rica).

  3. Cuatro presidentes siguen en sus cargos, pero están sometidos a graves cuestionamientos populares y/o legislativos y judiciales y su futuro es incierto: Hugo Chávez Frías("04 Venezuela), Enrique Bolaños ("04 Nicaragua) y Lucio Gutierrez ("04 Ecuador) y Alejnadro Toledo (04 Perú).


Cabe tener presente que la nueva vulnerabilidad afecta a presidentes de todas las ideologías; liberales, conservadores, socialdemócratas, democristianos., populistas, de antecedentes militares o civiles, en países grandes como Brasil, México y Argentina, medianos como Venezuela., Ecuador, Perú y Guatemala y chicos como Haití, Costa Rica y Bolivia, ricos y pobres, con diverso grado de presencia de las fuerzas armadas y diversas relaciones con los Estados Unidos de América, la única superpotencia.
El caso de Costa Rica y los otros casos latinoamericanos deben servirnos de grave advertencia a nosotros en Panamá. Acabamos de terminar un período presidencial que se ha caracterizado por la peor corrupción de un gobierno democrático del que tengamos memoria. La Presidenta admitió poco días antes de terminar su período que tuvo a su disposición discrecional $23,400,000 y el Contralor declaró que, aunque examinó los documentos correspondientes y otorgó el finiquito, él no posee copias de las cuentas y recibos, que éstos se habrían "perdido" de las manos del personal de la oficina de la Presidenta y, a pesar de que sabe de la desaparición de tales documentos oficiales, no ha iniciado ninguna investigación para ubicarlos o denunciar a quienes lo hubieran destruido. Ambos merecen una investigación exhaustiva y sin consideraciones, para que se haga justicia en ambos casos, ya que son los dos principales responsables por el desbarajuste financiero en que han dejado al país.
Hay quienes por el cinismo que les ha producido la impunidad de la que han gozado una parte de los poderosos de todos los regímenes auguran que nada le sucederá a los delincuentes de cuello blanco del gobierno pasado, porque eventuales delincuentes de cuello blanco que le atribuyen al nuevo gobierno lo que querrían no es acabar con la corrupción sino beneficiarse de ella. Los próximos nombramientos del Presidente y la Asamblea, tales el Contralor, los Procuradores de la Nación y de la Administración y los Magistrado/as de la Corte Suprema, serán decisivos desde este punto de vista. El primer nombramiento a la Corte y el del Gerente General del Banco Nacional han sido recibidos con beneplácito por el Panamá cívico y decente. Es de esperar que los que sigan reciban y merezcan igual recepción..
Si los próximos nombramientos se realizan a conciencia, sin politiquería, escogiendo gente que sea realmente capaz, efectivamente honesta y claramente decidida,, la Presidencia de Martín Torrijos puede estar entre las mejores de nuestra historia.
Indudablemente que podemos aprender mucho de Costa Rica. Pero a un nivel más profundo hay rasgos de nuestra cultura política que merecen atención para hacerle frente a la corrupción.


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174972
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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