EL ESCÁNDALO del consumo de esteroides dentro del béisbol profesional de las Grandes Ligas ha generado no sólo la perdida de credibilidad para el deporte pasatiempo nacional de Estados Unidos sino también millones de dólares a los dueños de los equipos.
La utilización de substancias prohibidas para desarrollar la producción de algunos de los peloteros estelares dentro del béisbol hizo que a la hora de los fichajes y renovación de contratos consiguiesen salarios multimillonarios.
El caso más claro ha sido el del toletero Jason Giambi, quien admitió ante un gran jurado que había consumido esteroides y hormonas humanas de crecimiento para desarrollar su físico mientras jugaba con los Atléticos de Oakland y los Yanquis de Nueva York.
El resultado fue que Giambi se convirtió en el toletero estelar de la Liga Americana y los Yanquis, el equipo que quiere siempre tener a los mejores peloteros, lo ficharon por 120 millones de dólares.
Giambi, que ya cumplió dos años con los Yanquis, le queda todavía cuatro más y 82 millones de su contrato, y los directivos de los Mulos del Bronx estudian la posibilidad de anular la relación laboral con el toletero, algo que el sindicato de jugadores no va a permitir.
Mientras tanto, el manejador de los Yanquis, Joe Torre, no ha querido hacer comentarios sobre el futuro de Giambi con el equipo, pero si dijo que el "asunto" de los esteroides debía ser la prioridad para los directivos del deporte del béisbol profesional.
"La duda sobre el consumo de substancias prohibidas debe desaparecer de nuestro deporte para que los aficionados vuelvan a confiar en los profesionales", destacó Torre.
El gran dilema para los Yanquis es no sólo el aspecto jurídico y laboral que tiene que solucionar con Giambi, sino que además en las dos últimas temporadas ha tenido un pobre rendimiento en el campo debido a las lesiones y enfermedades.
Mientras tanto, en la reunión de dueños franquicias de las mayores, que se realiza en Anaheim, los gerentes son conscientes que llegan con las listas de jugadores que desean conseguir, pero con un panorama en el que tendrán que considerar muy seriamente el historial y trayectoria profesional de cada pelotero.
Los equipos con un presupuesto muy reducido para mantener una plantilla competitiva ahora más que nunca son conscientes que dentro del mercado de los agentes libres no podrán acceder a los grandes nombres, pero los que tienen dinero tendrán que considerar el escándalo de los esteroides.
Doug Melvin, gerente general de los Cerveceros de Milwaukee, que tiene un presupuesto de 28 millones de dólares para formar una plantilla competitiva, el más bajo en el béisbol profesional, reconoció que algunos equipos tienen que pagar grandes salarios por culpa de los esteroides.
Tanto Melvin como el resto de los gerentes generales de los equipos más modestos del béisbol profesional formaran un frente común para defender más que nunca la necesidad que dentro de las Grandes Ligas ha llegado el momento de superar de una vez por todas el consumo de substancias prohibidas y que las estrellas no estén marcadas por la duda y los interrogantes sobre sus marcas.
ver ilustración en la página B7 del diario impreso.
Millones que se pierden
Las franquicias ahora tienen que analizar bien si darán sumas millonarias a jugadores que hacen trampa.