Argentina dio un paso de gigante hacia los octavos de final del Mundial de Sudáfrica gracias a una espectacular goleada ante Corea del Sur (4-1) labrada por la fenomenal potencia ofensiva albiceleste y rematada por un Gonzalo Higuaín que se marchó del Soccer City con un triplete.
Los hombres de Diego Maradona pidieron cita en este estadio que acogerá la final del Mundial y lo hicieron a lo grande, con un partido pleno de dominio y de eficacia goleadora.
El triplete de Higuaín, el tercero de un albiceleste en un Mundial, hizo olvidar su falta de acierto en su debut ante Nigeria y le situó como máximo anotador provisional de la competición por delante del uruguayo Diego Forlán.
Argentina se emborrachó de los goles que se le atragantaron contra Nigeria y con ese argumento acabó con los debates tácticos que tan poco interesan a su seleccionador.
El equipo tapó con tantos los errores que pueda tener en su planteamiento y el resultado es una imagen seductora que, sin duda, dará que hablar en los próximos días.
Maradona tiene a la Argentina que quiere, un equipo ambicioso y ofensivo, un torrente de goles que diseñó desde que llenó su lista de convocados de delanteros.
Análisis.
Argentina tuvo el balón y el juego en un partido unilateral, un monólogo de los albicelestes.
Los "guerreros Taeguk", impotentes ante el aluvión argentino, recurrieron a las faltas para detener el partido, lo que provocó la notable cólera de Maradona, que con ostensibles gestos hizo saber su enojo a su colega rival Huh Jung Moo.
En esta ocasión Lionnel Messi estuvo menos presente que en el debut ante Nigeria, pero cada una de sus apariciones fue un resplandor en el Soccer City.
Argentina dependió menos de él, pero también quiso poner su firma en el encuentro, aunque se marchó sin marcar.
El menor peso del rosarino fue compensado con una mayor presencia de sus compañeros. Higuaín se dio un atracón de goles.