(Antropóloga, actriz y escritora)
Como la niña de Guatemala. Me llamarán cínica una vez más porque no creo que nadie se muera de amor. Ni la cursi niña de Martí, ni el hijo del obrero. No murieron de amor. De amor nadie muere. Mueres de tristeza, de desprecio, en una hoguera atizada por las llamas del fanatismo, con un puñal clavado en el corazón por la fuerza del desengaño, o por los celos pendejos de Otelo apretándote el gaznate hasta que tu último aliento se queda prendido en la luz de sus ojos.
El amor no mata. Ni daña. El amor no.
Pero claro. Hay muchas definiciones retorcidas de amor. Y como en casi todo, en toda sociedad hay un grupúsculo de imbéciles que se creen la última soda del desierto, y que creen tener la respuesta a todos los misterios del universo (de éste y de los dos más cercanos), y tratan de imponer su certeza de las grandes verdades universales a todos. Y todas. Tanto que predican el mirar más allá de los ropajes vacuos y de las apariencias de la carne mortal y luego, para algo tan grande como el amor se quedan prendidos en un quítame allá ese mismo sexo. Y tienen toda la razón. Olvidémonos de las relaciones igualitarias, eso incluye, claro está, las que se componen de integrantes de igual sexo. Abracemos todos y todas el nuevo orden mundial. Sigamos la luz que enarbola la alta jerarquía católica. Por fin he abierto los ojos. Sí. Y todo gracias a un libro. ‘El’ libro. La más feliz consecución de la imprenta: ‘Cásate y sé sumisa’. El faro que ha de alumbrar la vida de todos y todas las y los católicos y católicas que en el mundo son. Qué ciegos hemos estado aquellos que predicamos la libertad de amar. ¡Qué concepto de amor tan erróneo teníamos!
¡Olvidémonos del amor que hasta ahora deseábamos! La autora de éste best seller y el arzobispo que la aconseja tienen la respuesta a todos nuestros males. Callaré para que hable la sabiduría:
“El poder no está hecho para nosotras”. Me encantaría ver a Su Excelencia discutir ese punto con la Dama de Hierro, por ejemplo. Pero seré sumisa y acataré su dictamen.
Mira a tu esposo y “Pregúntate qué otro podría soportarte (…) Pregúntate qué otro podría tolerar algunas de tus gravísimas psicopatologías.” Las tuyas mujer, claro, porque el útero es la causa de todos los males psiquiátricos, como es de todos bien conocido.
Ten en cuenta que, “Cuando tu marido te dice algo lo debes escuchar como si fuera Dios el que te habla”. Trata además de mirar para otro lado, no sea que te ciegue con su resplandor de zarza ardiente.
Nunca, pero nunca, olvides que: “Tu marido es ese santo que te soporta a pesar de todo. Si algo que él hace no te parece bien, con quien tienes que vértelas es con Dios. Puedes empezar poniéndote de rodillas y la mayoría de las veces todo se resuelve”. Efectivamente, según este tesoro de sabiduría, todo se resuelve con la mujer de rodillas, y en el libro nos dicen como: “Mujer, practicarás felaciones a tu marido siempre que te lo ordene. Pero cuando lo hagas, piensa en Jesús. Recuerda: ¡No eres una pervertida!”.
Ahí se resume todo, con la mujer mamando y pensando en Jesús. Lo que no me dejan claro es si debemos estar de rodillas en granos de maíz secos o si podemos poner un cojincillo debajo para proteger los meniscos.
Nota: ‘Cásate y sé sumisa. Experiencia radical para mujeres sin miedo’ Constanza Miriano. Ed. Nuevo Inicio.