La seguridad que se encargaría de calmar las multitudes en el Rommel Fernández era uno de los aspectos que se evaluaría con ojo crítico, luego de los incidentes que se dieron en los partidos anteriores.
Comenzando, en las afueras del coliseo habían varias unidades policiales desplegadas a lo largo de un perímetro de seguridad, las mismas se encargaban de revisar a los fanáticos, quienes se disponían a ingresar al estadio. Hasta ese momento, un 10 para el cuerpo de seguridad.
En cuanto a la gradería, la situación fue bastante parecida. Los pequeños disturbios que empezaban a formarse eran rápidamente controlados por los policías.
Apenas empezaba el encuentro y los aficionados tiraban objetos hacia el banquillo salvadoreño. La seguridad instantáneamente rodeó el lugar con cuatro unidades.
Los hinchas seguían tirando vasos, pero ya no hacia el banquillo, sino a las mismas graderías. En este aspecto en específico, la seguridad actuó bien al ir con brevedad y tratar de controlar el alboroto antes de que aumentara su magnitud. Lo positivo fue ver cómo se llevaban a quienes fomentaban este tipo de actos.
Lo negativo.La intolerancia que tenían ciertos miembros de la seguridad, ya que es normal que en los partidos se den estas situaciones; en esto hay que madurar un poco y saber que este tipo de cosas son parte de la cultura futbolística.
En las afueras.En cuanto a la boletería habilitada en la Piscina Eileen Coparropa, la calificación puede ser buena. Había fluidez en cuanto a la venta de las entradas. La fila era corta; no había que esperar mucho para obtener el boleto de entrada.
Afición salvadoreña.Por otro lado fue poca la afición cuscatleca la que se dio cita en el "Coloso” de Juan Díaz. Se pudo apreciar dos grupos de hinchas. Uno estaba ubicado en un palco, en el área derecha del lado oeste; este grupo era de unas 20 personas. El otro, de menor cantidad (aproximadamente cinco), estaba en el mismo sector, sin embargo, ellos veían el partido desde las butacas.
Inteligentemente los aficionados visitantes se orillaron al lugar donde menos gente de Panamá había; en este sentido no hubo problemas.