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Mucho ruido por nada

Los autores de teatro apenas publican y si lo hacen es en muy pequeña medida. Nadie se acuerda de los autores de buenas obra, uno va, la ve sobre las tablas y recuerda a los personajes y la trama.


Pedro Crenes Castro (Desde Madrid) / PANAMA AMERICA

Los únicos géneros literarios que reconocían los griegos (que lo han inventado básicamente todo) son la épica (novela), la poesía y el teatro. Básicamente y siempre según los textos que manejemos. Hasta aquí todos de acuerdo, espero.

Los otros días llegó a mi correo electrónico una diatriba encendida defendiendo al teatro como género literario. El autor que arranca su discurso con una ilustración sobre poda y flores, parece muy educado (pone entre paréntesis las palabras “los patrones”) hasta que llega el segundo párrafo y revela su verdadera intención.

Resulta que la queja no es por el teatro y su exclusión como género literario, sino en contra de “algunos promotores de Cultura” (cita textual), que insisten en mencionar una y otra vez “la poesía, el cuento y la novela como los únicos géneros válidos y vivos en Panamá” (el autor subraya y resalta las letras en negrita). Luego el texto carga con rabia e irrespeto contra Enrique Jaramillo Levi.

El dueño del escrito, autor a su vez de textos teatrales con cierto éxito, se queja de que no se promociona el teatro como se debe y que los susodichos promotores culturales no van al teatro.

La mayoría de los autores de teatro apenas publican y si lo hacen es en muy pequeña medida. Nadie se acuerda de los autores de buenas obras de teatro, uno va, la ve sobre las tablas y recuerda a los personajes y la trama. Del autor, pocos se acuerdan y ni falta que hace, dicen los buenos. Lo importante es lo que el público ve.

El encendido autor de la diatriba pro teatro da una amplia lista de autores, incluso laureados con el Miró (como si eso fuese razón de más para leer o estrenar una obra), que están haciendo teatro en Panamá. Por la lista, gracias.

Se olvida el dramaturgo, que incluso los Nobel se olvidan bastante del teatro cuando dan el de Literatura. Más a más, algunos autores de teatro han sido conocidos y laureados más por su obra narrativa que por la teatral. Tal vez Arthur Miller, Darío Fo o Harold Pinter, por no irnos tan atrás hasta los griegos, el Siglo de Oro, el ya citado Shakespeare y el diecinueve francés y ruso. Muy pocos son leídos, muy pocos entienden, como el encendido dramaturgo panameño, que a un autor teatral se le tenga que leer. No, el teatro se pone en escena, sobre las tablas y lo demás es ruido. A la Academia sueca se le resiste el teatro, no tanto la poesía pero también, como a los académicos panameños, también aludidos en el texto por no acudir al teatro.

Lo peor de la diatriba electrónica del dramaturgo airado es su falta de respeto. Las reglas clásicas de debate, la retórica clásica (otra vez los griegos) exigen cierto grado de respeto y cuando el que contiende dialécticamente recurre al ruido de los insultos y faltas a la verdad, demuestra que se ha quedado sin argumentos.

El problema del teatro, o mejor dicho, el problema de la difusión de los textos teatrales en nuestro país, es universal e irremediable. Pasa como con los guionistas, de los cuales poco se sabe a menos que seas un cinéfilo empedernido.

En definitiva o eres Eurípides, Shakespeare (mucho aparece en este artículo), Calderón de la Barca, Beckett o Pinter, o es muy difícil que se lea texto teatral destinado a ser solo el guión de una puesta en escena, un mapa, solo un montón de letras deseando encarnarse.

En fin, la diatriba se queda en eso, en una pataleta, en unas ganas incontenibles de faltar a la verdad y al respeto. La comunidad teatral debe hacer sus esfuerzos como lo hace el cuento, sobre todo, la poesía y la novela, menos, por promocionarse. Del ensayo ni hablemos. Como dice Shakespeare, en resumen: “mucho ruido por nada”.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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