Basta ya de abstracciones, hacen falta acciones concretas. Los problemas del mundo no se resuelven con armas. Dijo Fidel, que siempre dice, pero al parecer nadie hace caso a los discursos, o más bien, se echa mano de la ambigüedad que permite el lenguaje, para restarle mérito, y quitarle fuerza, al poder real de las palabras. Creo, que por esa razón el país, el mundo sigue siendo un caos. No nos escuchamos, hablamos sin mirarnos a los ojos.
Por estos días, oscilando entre el black friday y las fiestas de navidad; entre el décimo tercero y las graduaciones; entre los escándalos de corrupción y el consumismo escandaloso que provoca el escándalo mediático, parte de la población, que no toda, sobre todo la que se siente afectada -espero que sea de manera sincera- se ha detenido para reflexionar por la falta de memoria relacionada con los acontecimientos del 20 de diciembre de hace 25 años. Por esas fechas sí que nos estremecieron.
Preocupados, los que se preocupan claro, por repartir “las culpas” no se nos da por pensar que lo que ocurrió, le ocurrió a todo el país, y una generación completa cayó derrotada bajo toneladas de consignas, pisoteadas luego por las orugas de la “causa”. Tenemos entonces que 25 años más tarde seguimos sepultados por consignas y aplastados por orugas de las mismas “causas”. ¿Me sigues corazón?
¿Por qué?, preguntan los muros desde la mirada del arte. ¿Por qué?, indagan los panelistas, mientras lanzan un auto panegírico para justificar que existen y que su participación, después de las contiendas, debe ser valorada. ¿Por qué? Se duelen los músicos y los poetas, pero los locos no dicen nada.
Ya se sabe por quién doblan las campanas, no son precisas las odas más que elegías ni los ay por los vencidos ni una romería entre mártires y poetas, ni escuchar esa voz, aun no quemada, de los sobrevivientes de aquel infierno congelado en la memoria que consumió todo lo que era vida y habitaba en casa de la madre...
Se trata de ordenar la casa, recoger el corazón, de ponerse ropa limpia, de mirar con transparencia el camino por donde vamos a andar con cutarras de mil jornadas, de mirarse para dentro, de zurcir los retazos de mi cielo, con destellos de la aurora y con la albura de un anhelo… para que haya paz en la fosa común de nuestra historia.