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Todas, y me incluyo, hemos caído en algún momento en las famosas “excusas” y nos refugiamos en el hecho de que somos mujeres ocupadas, madres de familia, estudiamos una carrera universitaria, etcétera, para justificar nuestro estilo de vida basado en el sedentarismo.
Pero se preguntarán, ¿qué es el sedentarismo? Su significado original hace referencia al “establecimiento definitivo de una comunidad humana en un determinado lugar”.
La distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento.
Hoy en día, se utiliza la esencia de este término y se relaciona con la “falta de actividad física”.
Lo que nos lleva a decir que, hoy por hoy, nos consideramos erróneamente “activas”, ya que relacionamos el término activo con la serie de responsabilidades que tenemos, ya sean laborales, familiares y/o estudios.
Pero la verdad es que seguimos siendo sedentarias, pues estar en una oficina o manejar para hacer diligencias no es un estilo de vida sano y activo.
Ahora, busquemos el antónimo de sedentarismo, y como lo habrán pensado, es “activo”, pero esa definición la debemos adaptar a un estilo de vida activo con los parámetros correctos y no los que quisiéramos que fueran según nuestra zona de confort.
Démosle una connotación distinta a ser activas, al ponerla en conjunto con: estilo de vida y salud.
Como resultado final, tendríamos un estilo de vida activo y saludable para mujeres ocupadas.
Al inicio de este escrito podemos observar cómo toda frase o palabra puede ser interpretada de la manera incorrecta y nos engañamos, aplicamos la ley del mínimo esfuerzo.
En este caso, nos hacemos la idea de que somos activas, sin embargo, somos sedentarias y no acudimos a la actividad física para darnos más energía o para sentirnos a gusto con nuestro estado de ánimo, mente y cuerpo.
Según FamilyDoctor.org2, hacer actividad física puede: Reducir el riesgo de padecer una enfermedad cardiaca, hipertensión arterial, osteoporosis, diabetes y obesidad, mantener la flexibilidad de las articulaciones, reduce algunos de los efectos del envejecimiento, contribuye al bienestar mental y ayuda a tratar la depresión, a aliviar el estrés y la ansiedad, aumenta la energía y la resistencia, mejora el sueño, etcétera.
Y estos son solo algunos de los beneficios de la actividad física.
Ya tenemos los conceptos claros, ahora es cuestión de tomar acción. Somos mujeres que estamos ocupadas, pero queremos tener un estilo de vida saludable.
Y bueno, “la distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento”. El siguiente paso para aplicar este famoso dicho sería adaptar esos entrenamientos para que se acoplen con nuestras ajetreadas agendas y vidas ocupadas, y así con seguridad poder decir: “Soy una mujer ocupada, pero hago el tiempo para tener un estilo de vida activo y saludable”, que se traduce a largo plazo en calidad de vida.
Tú eres la dueña de tu propósito en la vida y de tus metas, ¿qué esperas para llegar a ellas y celebrarlas? ¡Anímate y conviértete en una mujer activa, llena de vida y saludable!
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