Algunas personas tienen cualidades superiores a otras, trabajan y hacen más cosas con ellas, eso hace la diferencia, pero nadie es mejor que nadie.
Usain Bolt entrenó y pudo correr 100 metros en 9,58 segundos. Otro es cirujano y sus manos salvan una vida. Y, algunos, hacen magia con sus pies y un balón y el mundo los aplaude.
Eso es lo que más conquista corazones, esa pureza fina del buen juego, eso que tienen pocos, que no los hace mejores, pero sí diferentes. Eso cuesta y eso es lo que tanto aplaudimos.