El reporte ofrecido por las autoridades sobre los más de 60 casos de caballos que salieron positivos por el uso de sustancias prohibidas en los análisis del laboratorio de drogas, nos dejó más sombras que luces.
Incluso sentimos que hay mucha hipocresía en el manejo del tema.
Por un lado, los entrenadores apuestan a la cuantificación, basados en el hecho de que, por lo menos en los casos de cocaína, lo que las muestras del laboratorio reflejan es la presencia de concentraciones mínimas de la droga.
Hasta donde se sabe, en más del 90% de los casos lo que se ha encontrado son "nanogramos" (la milésima parte de un miligramo). Dicen algunos que eso es como una gota de agua en un océano.
Pero, ese no el hecho. La verdad científica, y muy pocos la han refutado, es que la sustancia ha estado presente en 14 equinos.
El vocero de la administración justifica el asunto responsabilizando a los dueños y entrenadores, quienes contratan a personas supuestamente viciosas, quienes voluntaria o involuntariamente contaminan a los caballos con la cocaína.
Desde el punto de vista reglamentario, el laboratorio está cumpliendo, toda vez que está obligado a "cantar" positivo o negativo. Sin más, ni menos.
Definitivamente que ésta es una situación que se convierte en terreno fértil para castigar a gente inocente, pero si los interesados no ponen de su parte y evaden su responsabilidad la crisis se agravará.
Pudiéramos poner los casos de cocaína en una bolsa separada, pero nos preguntamos entonces: ¿Qué excusa hay para los otros 47 casos?.
El tema da para mucho y seguiremos sobre él, aunque parece indicar que todo dependerá de la aprobación de los 66 mil balboas anuales que se requieren para cuantificar y mientras tanto, esta bola pica y se extiende.