Deportes

Navegarlas venas abiertas

Si bien Obama es artífice de la buena publicidad producto de una actitud sobria ante las cámaras, lo único de su viaje que resonó a nivel doméstico fue ese apretón de manos, en medio de risas no necesariamente espontáneas.


Cuando el presidente Barack Obama asistió a la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, quiso demostrarle la nueva cara de la política exterior estadounidense a una región a la defensiva, y ciertamente escéptica de sus intenciones. Y lo logró: a pesar de que no hubo acuerdos en concreto, muchos de los líderes coincidieron en la disposición del nuevo Presidente. Y a pesar de que todavía se escucharon los ecos de esa América Latina que insiste en el discurso de barricada por encima de la sagacidad diplomática, fue evidente el cambio de tono de los principales actores en nuestra tragicomedia hemisférica. Y por eso, para el nuevo presidente de nuestro país, no será nada fácil navegar estas heridas.

Siempre atento a las cámaras, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le presentó a Obama un libro que muchos catalogan como un libro izquierdista, "Las venas abiertas de América Latina", algo que causó furor entre los comentaristas conservadores en este país. Pese a sus obvias deficiencias, el libro es una enternecedora crítica sobre los orígenes de nuestra pobreza que imputa responsabilidad a los designios de las potencias coloniales y posteriormente a la ambición de los estadistas estadounidenses, quienes optaron por convertir a su país en una nueva potencia. Lo que quizás olvidó Chávez es que Obama, contrario a sus predecesores, no es extraño a esta queja: en sus viajes a Kenya y en sus años universitarios estuvo expuesto a teorías críticas de la actuación de los Estados Unidos, donde se discutían a autores como Franz Fanon, uno de los máximos exponentes del tema de la descolonización en el Tercer Mundo. Su esposa Michelle, en su Tesis de Licenciatura en la Universidad de Princeton, se enfocó en la asimilación de los afroamericanos educados en la sociedad americana. Por eso Obama, al sentarse en las reuniones, pacientemente escuchó los discursos, incluso los más atrevidos, y tomó nota. Y cuando intervino, recordó a los líderes presentes que no sólo Estados Unidos tiene que cambiar.

“Todos nosotros tenemos la responsabilidad de mirar hacia el futuro... No podemos culpar a Estados Unidos de cada problema que se produce en el hemisferio”.

 

"Fue a todas luces un cambio de política exterior", me comentaba Julia Sweig, experta del influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CRE) de Estados Unidos, la poderosa institución de políticas públicas en Washington D.C. "No obstante, es prematuro ver cómo se desenvolverá el curso de estas políticas. Esto ocurrió muy temprano en su administración, incluso antes de que la nueva administración designase a todo el equipo asesor para América Latina”.

En efecto, la urgencia de la crisis financiera no permitió que la nueva administración designara con calma a los nuevos personeros del Gobierno. Sin embargo, Obama siempre reconoció su disposición de conservar lo bueno y escuchar a los expertos por encima de las consignas partidistas. Así Robert Gates, un conspicuo miembro del ala pragmática del Partido Republicano, conservó la cartera de Defensa en el gabinete, y su otrora acérrima enemiga política, Hillary Clinton, hoy se desenvuelve con soltura como la titular de relaciones exteriores.

Asimismo, fuentes en los corredores diplomáticos indican que Tom Shannon, hasta ahora Secretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, permanecerá en el cargo; mientras que los dos asesores latinoamericanistas de más alto nivel de la campaña de Obama, Dan Restrepo y Frank Sánchez, fueron designados recientemente al Consejo de Seguridad Nacional y al Viceministerio de Comercio Internacional, respectivamente.

 

“Y más importante aún", me comentaba Sweig "es que la publicidad negativa del apretón de manos de Obama con Chávez no determinará el futuro de la región en la agenda del Presidente".

Si bien Obama es artífice de la buena publicidad producto de una actitud sobria ante las cámaras, lo único de su viaje que resonó a nivel doméstico fue ese apretón de manos, en medio de risas no necesariamente espontáneas. Stephanie Miller, consultora para América Latina del Centro para el Progreso Americano (CAP), institución cercana al Partido Demócrata que estuvo encargada de organizar la transición presidencial, me reconocía que "Obama dejó muy claro en el encuentro que desea cooperar con la región en varias áreas, especialmente en la promoción de energías renovables, el desarrollo económico y la seguridad. Tal y como parece, encontró a un auditorio receptivo, pero ahora se necesita acción, y si el presidente Obama no es fiel a esas promesas, aquellas se convertirán en palabras vacías”.

Pero esas risas también vinieron acompañadas de ceños fruncidos: poco después de la reunión, Fidel Castro en uno de sus famosos opúsculos manifestó que Obama había malinterpretado a su hermano Raúl, hoy Jefe de Estado, quien poco antes de la reunión declaró que estaría dispuesto a hablar con al Gobierno estadounidense, incluso sobre temas de derechos humanos. Sweig desestimó la falta de coordinación entre los hermanos Castro como una estrategia de "policía bueno, policía malo" - con algo de cinismo, respondió que "ninguna política de Estados Unidos hacia la isla será vista con mucha complacencia, vista la historia de animosidad entre ambos países". Por otro lado, Miller citó las declaraciones de la secretaria de Estado, Clinton, ante el Senado, cuando interpretó estas señalas contradictorias como evidencias de un debate que hoy ocurre en el seno de las más altas esferas del Gobierno cubano, algo que apunta a las posibilidades de reformas.

 

Y si bien Panamá es un país pequeño, su importancia para Estados Unidos no es marginal. Ahora Panamá, es uno de los últimos bastiones del libre comercio mundial. El Tratado de Promoción Comercial con Panamá es un tema candente en la agenda del Congreso, especialmente, en el crudo contexto de la recesión.

Sweig y Miller coinciden en que es probable que los problemas con el texto sean pasajeros, y que por ello sea sometido a votación este año. Ron Kirk, representante comercial de los Estados Unidos, en declaraciones recientes aceptó que existe consenso respecto al tratado, a pesar de las serias reservas a cargo de congresistas de las regiones industriales del país, quienes sostienen que tal aprobación sería en detrimento de sus bases sindicales. Pero concluido el tratado, será evidente que Obama no perseguirá políticas similares con otros países, porque tal como concluyó Miller, "en este momento, la prioridad de Obama es poner la casa en orden”.

Así, Panamá tiene por delante el reto de navegar una región que todavía está en búsqueda de su destino. Porque hoy aquellas quejas de aquellas supuestas venas todavía sin cerrar todavía resuenan a lo largo y ancho de la región, donde una población cada vez más frustrada busca culpables sin necesariamente hacerse responsable de sus males. Por ahora, Panamá parece ser la excepción, producto quizás de una extraña mezcla de paciencia y letargo. Pero la paciencia no es infinita, y el reto será, por lo menos en nuestro caso, buscar una forma de cauterizar estas heridas con respecto a EE.UU., y más importante aún, con nuestra propia historia.

 

Método.
Obama siempre reconoció su disposición de conservar lo bueno y escuchar a los expertos por encima de las consignas partidistas.


fecha edicion
old id
365857
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América