Roberto Méndez
Estimado Profesor Méndez: En respuesta a su carta del pasado 11 de abril, referente a mi artículo “Es necesario un debate bien documentado” (La Prensa, 10 de abril) y preocupado por la insistencia de algunos panameños en alterar la veracidad de la información que hasta el momento tenemos sobre la posible ampliación del Canal, le respondo puntualmente a fin de que la sociedad conozca y exija el derecho a la verdad.
Ya desde el primer párrafo se suma usted a quienes se oponen a analizar el futuro del Canal, poniendo en boca de otros lo que solamente está en su cabeza. En ninguna parte de mi artículo se menciona una propuesta “que permitiría el paso de barcos postpanamax de 154, 000 toneladas de peso muerto, o su equivalente en TEU’s en una modalidad de una sola vía por el Corte Culebra”. Lo que sabemos es que el actual Canal agotará en un plazo muy corto su capacidad, y que la posible ampliación aliviará el tráfico y la gran demanda, que va en aumento producto de los incrementos en el negocio internacional, permitiendo además el paso de buques postpanamax, futuro de las economías de escala.
En el segundo párrafo sigue haciendo conjeturas sobre premisas creadas por usted mismo: ningún panameño apoyaría que nuestro país invierta en un negocio no rentable. La primera condición de ampliar es que sea rentable para los panameños, que no necesite el aval del Estado, y que no sea necesario un gran financiamiento externo. Estas tres condiciones prevalecen en este negocio; pero además, los panameños sensatos ponderamos la importancia de que la ruta istmeña se adecue a las necesidades de crecimiento del comercio regional, continental y planetario.
Su cuarto párrafo es aún más temerario: dice que “no parece” que los ingresos adicionales que obviamente produciría la ampliación, serían suficientes para “compensar las erogaciones adicionales de invertir la enorme suma de 7 u 8 mil millones de dólares” Usted mezcla una duda al decir que “no parece” con una afirmación falsa: nadie ha dicho todavía cuánto costaría el proyecto, y menos de qué manera se pagaría.
El quinto párrafo es una serie de afirmaciones insensatas, todas basadas en la falsa premisa del precio de la obra y la forma de pagarla, con la intención de que los panameños nos consternemos e inclinemos por un no irreflexivo, al asegurar que el Canal tendría que sacrificar sus dividendos actuales y los aportes al Estado.
Como la imprudencia es hija del pensamiento compulsivo, su sexto párrafo es una serie de conjeturas y elucubraciones agoreras, que deberían ponderarlo como un adivino más que como un economista. Nuevamente sus cálculos proceden de premisas urdidas irresponsablemente, que al final irrespetan a la opinión pública. Profesor Méndez: los panameños no diremos sí a una inversión irresponsable, pero no necesitamos que se nos sobresalte; más bien, necesitamos análisis sensatos y que procedan de informaciones verdaderas. Me parece que ese momento se producirá cuando la ACP entregue los estudios.
Sobre las rutas árticas, citadas en el noveno párrafo de su carta, creo que ya se ha explicado hasta la saciedad que no son rutas que afecten nuestro negocio. Los países que las utilizarían (si es que realmente llegan a abrirse como se sospecha, en escasos periodos del año) utilizarían esas rutas sin impactar la ruta canalera.
En el párrafo undécimo aboga por una estrategia de desarrollo multisectorial; paradójicamente, esta estrategia tiene sus mayores fortalezas en una ampliación y en el desarrollo de un conglomerado y la evolución del Canal de Panamá, de un Corredor de Transporte, como lo es actualmente, víctima del modelo de gestión norteamericano, a un Corredor de Comercio, como impulsa y propugna el modelo de gestión panameño.
En respuesta a los planteamientos de su penúltimo párrafo, del dinero de los peajes se aporta al Estado un excedente que ya superó todo lo que recibimos de la administración norteamericana en 65 años. El proyecto de ampliación no se pagará de estos ingresos; está en estudio una propuesta de aumento en los peajes, que solamente se aplicaría si los panameños decidimos ampliar el Canal. Si no se decide ampliar, el aumento de peajes no es razonable, por lo que no existe un dinero actualmente para inversiones. El Estado puede disponer de los aportes que por ley hace ya el Canal anualmente, no de un dinero que se produciría solamente en caso de desarrollar el proyecto de ampliación.
Y finalmente, en referencia a su gentil ofrecimiento de consultar sus documentos, prefiero esperar a que los estudios realizados por la ACP durante más de tres años sean publicados, antes que arriesgarme a pecar de insensato utilizando los mismos documentos que lo orientan a usted. Guardo un profundo respeto a la opinión pública y a mis conciudadanos.
Carlos Ernesto González de la Lastra
Las estimaciones de las autoridades indican que un cuarto de la droga que lleva como destino el norte del continente americano utiliza el Pacífico panameño y las costas chiricanas es un lugar que ha sido utilizado para este tipo de actividades ilícitas. Las organizaciones dedicadas a este tipo de actividad no sólo se dedican al traslado de sustancias ilícitas, sino de al tráfico de bienes producto de esta actividad.
En Chiriquí hay pistas de aterrizajes en las zonas bananeras, en Las Lajas, Puerto Armuelles, en el sector de Limones en Divalá y algunas pistas clandestinas que han sido detectadas por las autoridades en el sector de San Lorenzo y en el oriente chiricano, lugares donde se han encontrado aeronaves. Las costas también son utilizadas para estas actividades, ya que hace algunas semanas las autoridades policiales rodearon el puerto de Los Pinzones en el corregimiento de Santa Cruz, por la existencia de una lancha abandonada.
Se presume que los sujetos andaban en actividades ilícitas y abandonaron en horas de la noche la embarcación, porque aparentemente desconocían la entrada de mar que hay en esta región.
La historia registra que Chiriquí es un lugar que sigue siendo parte de la ruta del narcotráfico hacia Centro y Norte América.
En el 2000, en la playa Nansal en San Lorenzo, en una operación conjunta de las autoridades capturaron una organización completa de narcotraficantes que operaban en una edificación que tenían próximas a la costa.
Unas dos toneladas de cocaína y siete ciudadanos colombianos fue el resultado que dejó esta operación, pero uno de ellos se suicidó cuando se vio acordonado por las autoridades policiales.
Mientras que en febrero de 2002, en otra operación conjunta, las autoridades desarticularon otra red de narcotraficantes que estaba próximas a las costas chiricanas, esta vez en la comunidad de Los Olivos, donde cayeron cinco narcotraficantes.
Luego fue encontrada una lancha abandonada que encalló en la playa La Barqueta, que traía un seguimiento en aguas internacionales próximas a Nicaragua y al parecer arrojó la droga al mar. Pero en marzo de este añ, fue hallada otra lancha rápida en Estero Rico, Alanje con dos armas AK-47.
La última incursión de la narcomafia a Chiriquí se registró el domingo pasado en Finca Lechoza.