Entiendo la airada y nada airosa defensa que hace de los poemas que envió a la Revista Lotería. Yo también he considerado buenos mis más insignificantes escritos.
Los doctores que evaluaron sus poemas y los ensalzaron estaban en su derecho. Yo estoy en el mío cuando afirmo que no me gustan. Igual derecho se toma usted al llamarme “diletante” en lo que considero la pasión de mi vida. A lo que dije de sus poemas: “que no aportan figuras ni metáforas nuevas o sorprendentes sobre personajes de los cuales tantas bellezas se han dicho y escrito”, lo único que podría añadir es: No me gustan sus poemas.
La subjetividad debe ser sencilla y franca. Los gustos responden a la conciencia individual. Mi conciencia habló libremente: No me gustan sus poemas. Siempre es lastimosa la falta de talento, pero al evaluar un poema no tiene cabida la piedad. Por lo tanto, repetiré sin pomada alguna: No me gustan sus poemas. Como miembro del Consejo Editorial de la Revista Lotería, es mi deber revisar y evaluar los trabajos que ponen en mis manos. Traté de esquivar sus poemas pero el resto del Consejo insistió en que yo debía de evaluarlos. Lo hice: No me gustan.
Escogí los sonetos de César Young Nuñez que sí me gustan. Los leerá en la próxima revista. Podrá compararlos con los suyos y enviar más cartas abiertas si quiere.
No comentaré el resto de su escrito, porque si lo hago temo volverme más retrógrado de lo que usted cree que soy.
Que me llame “Don” me tiene sin cuidado, pero no me llame “Neco”, que así me llaman mis amigos.
Sin pizca de afecto