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Un cuarto de siglo después de que el zumbido de los helicópteros y que el ruido ensordecedor de las bombas y metrallas despertaran a El Chorrillo con


Un cuarto de siglo después de que el zumbido de los helicópteros y que el ruido ensordecedor de las bombas y metrallas despertaran a El Chorrillo con su mensaje de muerte, todavía quedan heridas abiertas y, por supuesto, cuentas por saldar.

Los 25 años se cumplen este año, coinciden con el cincuentenario de los sucesos del 9 de Enero. Se trata de dos efemérides que cambiaron el curso de nuestro destino y de nuestra historia republicana.

Gracias a la movilización ciudadana se logró que el cincuentenario del 9 de Enero se conmemorara con intervención estatal y con la participación del pueblo —no solo de la capital, sino de la mayoría del país—, gracias a la gestión de la “Caravana de la Soberanía”. La conquista más importante, además de la exposición poco usual que hubo sobre el sacrificio de los mártires, fue que se disuadió al gobierno para que la fecha se excluyera de los días puente y quedara como mandato que cada año se realicen los actos conmemorativos el día correspondiente y con actitud de duelo.

Ahora queda una tarea pendiente con otra fecha gris del calendario histórico. Se trata del 20 de diciembre, día de la innecesaria, absurda y criminal invasión a Panamá.

Los deudos siguen llorando, bajo la piel del país se mantienen vivas las heridas y todavía está vigente la cuenta de esa deuda, de ese saldo trágico que no nos merecíamos.

Después de la invasión, los gobiernos han sido, además de pusilánimes, mezquinos con las víctimas, tanto con los caídos como con los afectados. El Chorrillo, el barrio mártir, en su esencia no dista mucho del que fue devastado por el ataque. Persisten los mismos males: hacinamiento, delincuencia, desintegración familiar, viviendas indignas, servicios públicos paupérrimos y sometimiento a la manipulación de los políticos inescrupulosos.

La mezquindad no solo se restringe a El Chorrillo y a su gente, sino que se extiende a la sociedad entera con la insistente e inexplicable negativa de declarar legalmente el 20 de diciembre como lo que es, un día de duelo nacional.

Y lo es porque un cuarto de siglo más tarde, seguimos con algunas taras como resultado de ese mal parto y de la insensibilidad del Estado que se niega –no importa el color del gobierno- a rendir los honores a quienes se vieron en medio de una guerra que no pidieron.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América