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Nelson Mandela, el penúltimo ser humano

Madiba, Tata, como le llaman también, cuando se vaya nos dejará un mundo mejor del que él se encontró en 1918, cuando nació y mejor aun que el de los 27 años que permaneció encarcelado.


Pedro Crenes Castro (Escritor) / PANAMA AMERICA

Creo que estaba en cuarto año cuando leí por primera vez el nombre de Nelson Mandela y un vocablo que encerraba toda la estupidez del ser humano: apartheid. Estaba escrito en unas fotocopias que nos dio el profesor de Historia, creo recordar, que también nos enseñaban otros términos y siglas: ONU, OTAN, OEA, CEE, entre otras, y allí estaba la palabra y el nombre de aquel ser humano cuya historia de dignidad y de lucha, en esas breves líneas, llamó mi atención. Ya entonces en Panamá, otros seres humanos luchaban por la dignidad ante la dictadura heredada de la  “dictablanda”,  como se empeñan todavía algunos en recordar.

Años después encontré en Madrid la autobiografía del hombre que luchó contra el gigante del apartheidy ganó:  Nelson Mandela: El largo camino hacia la libertad.Ante una lectura como esta es muy difícil no preguntarse qué está haciendo uno por mantener el camino recorrido hacia la libertad llano y expedito. Sacude la conciencia recordar que hasta hace muy poco tiempo ser negro era ser inferior, indigno, merecedor de estar apartado del progreso, de la educación y del bienestar. Una lectura que todos, sobre todo los más jóvenes, deben hacer cuanto antes.

Madiba, Tata, como le llaman también, agoniza ahora en un hospital de Pretoria y tal vez, mientras leen ustedes estas líneas él ya se haya ido dejándonos un mundo mejor del que él se encontró por allá por el año 1918, cuando nació y mejor aun que el de los 27 años que permaneció encarcelado en Robben Island por razones de conciencia. Mandela, su luz, su dignidad y conciencia, se va apagando en silencio mientras el mundo se prepara para afrontar la vida sin su referente.

Los otros días, en ese inmenso patio virtual que es  Facebook, se comentaba que él, Nelson Mandela, es “el último ser humano”, que su muerte nos traerá una vez más la soledad. Estoy de acuerdo a medias.

Creo que sí, que nos quedaremos un poco más solos porque Mandela, dejada atrás su etapa política, estaba en el mundo como la encarnación de una postura, de una conciencia, de una manera de ver y comprender el mundo. Solo teníamos que mirar a Sudáfrica para cobrar valor y seguir en el camino. Eso sí, pero no creo en lo de “el último ser humano”.

Escribí en el perfil de mi querido y leído Héctor Collado, que tiene la virtud de inducirnos a reflexionar y debatir a partir de sus opiniones y escritos, que por la vía de la imitación debemos dejar que Nelson Mandela sea “el penúltimo ser humano”. No debemos permitirnos ser arrastrados por la ausencia y cegarnos con la idea de que después ya no habrá más hombres y mujeres que luchen contra los prejuicios, que emprendan senderos, aunque sean retorcidos, en busca de la dignidad de todos. Es urgente que Nelson Mandela sea “el penúltimo ser humano” porque si no la raza, la humanidad, lo que somos, estará en peligro de muerte.

Muchos hombres y mujeres, desde el anonimato y desde muchos rincones del mundo, luchan por los valores que Mandela puso en primer plano mundial. Cada día, en todo el planeta, los portadores de la dignidad, los paladines de la libertad, los luchadores por los derechos de los más débiles emprenden su causa y siguen adelante para empujar a este mundo en la dirección que todos queremos: en dirección a la igualdad. Nelson Mandela nos deja ahora un largo camino libre que seguir recorriendo y defendiendo.

Apartheid, qué necedad tan grande, qué razonada estupidez. Cuando leí aquella palabra en mi juventud no fui capaz, seguramente, de dar nombre al sentimiento que hoy sé que puedo llamar vergüenza. Menos mal que había un Nelson Mandela para decir no a la estupidez. Hoy ¿cuántos dirían lo mismo? “De bien nacidos es ser agradecido” reza el refrán: Gracias Nelson, gracias por un largo camino.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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