Promediaba el segundo tiempo del partido de la pasada Copa América entre Argentina y Colombia cuando los hinchas que acudieron al estadio del Colón de Santa Fe comenzaron a invocar en sus cánticos a Maradona.
Los colombianos se perdían un gol tras otro aquella gélida noche de julio y la albiceleste, que "no daba pie con bola", apenas pudo rescatar un punto y agachar la cabeza ante la andanada de insultos con que la despidió el público argentino, afecto a descargar frustraciones en un estadio de fútbol.

Más o menos lo mismo ocurrió este viernes en el Monumental durante el choque de las eliminatorias con Bolivia.
En el momento más caliente, después de que Ezequiel Lavezzi apagara un incendio al marcar el empate cuatro minutos después del gol boliviano, Clemente Rodríguez, el único de los jugadores del fútbol local que estuvo entre los once, fue premiado con una ovación por los hinchas cuando se esforzó para que un balón no se fuera al lateral.
Las imágenes y los sonidos de un Monumental despoblado remitieron indefectiblemente a aquel 6 de julio, y no hicieron otra cosa que añadir un capítulo a esta relación de "amor-odio" que hoy por hoy tiene el hincha argentino con su selección, en especial con los "ricos y famosos" que vienen de Europa.
Bajo el mando de Alejandro Sabella, Argentina sigue sin encontrar una expresión colectiva que identifique al equipo.
La selección sufre en su defensa. No encuentra a los centrales de otros tiempos, capaces de dar garantías en el juego aéreo, o al menos de no complicarse ante un solitario delantero rival, ni laterales con presencia y clase para llegar a posiciones ofensivas.
No es un secreto que Messi no brilla con su selección porque no tiene en este equipo el contexto -léase funcionamiento colectivo y categoría de futbolistas- que sí encuentra en el conjunto “culé”, donde juega como en el patio de su casa.
Como varias veces en los últimos tiempos, la prensa deportiva habla hoy de un "nuevo papelón" y pide a Sabella que "se ponga los pantalones largos" y "termine con el caviar y con los ricos y famosos" para dar lugar "a los humildes".