La intensa lluvia no impidió el homenaje a Irving Saladino, quien fue recibido como un verdadero rey en la provincia de Colón.
El campeón mundial y olímpico de salto de longitud no podía creer ver la cantidad de gente que salió a las calles a rendirle tributo en la ciudad de Colón, a pesar de la fuerte lluvia que cayó.
A bordo de un carro bomba del Cuerpo de Bomberos, Irving recorrió la ciudad de Colón en una caravana. Desde allí mostraba la medalla olímpica de oro de 24 quilates, que había ganado el pasado 18 de agosto en Beijing.
Era un verdadero Carnaval... niños por todos lados coreando el nombre del nuevo ídolo de la provincia de Colón.
Lleno a reventar.
Pero la fiesta llegaría a su máximo nivel cuando Irving llegó al coliseo que lo vio nacer como atleta.
Era el Estadio Roberto Mariano Bula, donde miles de personas le manifestaron su agradecimiento por acabar con los 60 años de sequía que tenía Panamá de que no ganaba una medalla en unos Juegos Olímpicos.
En medio del trabajo periodístico de la prensa escrita y televisiva y ante el temor de que pudiera desplomarse la tarima, el atleta colonense decía que "la tarima se puede caer".
Al final decidió de que no se subiría por su seguridad.
Mientras el público seguía coreando su nombre, el mal tiempo que reinaba tumbó los globos que adornaban el estadio; sin embargo, el clima no fue impedimento para que continuara el evento.
Para los colonenses, la lluvia fue una bendición de Dios y del Cristo de Nazareno, a quien Irving irá mañana ha rendirle devoción y agradecimiento por haber escuchado sus plegarias, las de su familia y las de todos los panameños, por haber obtenido la medalla de oro en salto largo en los Juegos Olímpicos de Beijing.