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No aire, no vida; no vida, no nada

“Una maldición nunca ha matado una mosca” A. Chavée Tengo dos atomizadores en mi mesita de noche. Uno de ellos, Peter Cushing, contiene


Ernesto Endara (Escritor) / Escritor

“Una maldición nunca ha matado una mosca” A. Chavée

Tengo dos atomizadores en mi mesita de noche. Uno de ellos, Peter Cushing, contiene solución salina; el otro, Allan Poe, mi inevitable Afrin. Los nombres no se los puse yo, ellos mismos los escogieron. Fíjese usted, cuando aprieto dos veces el de solución salina, escucho que me dice claramente «Píter... Cuchin», en un silbido corto y rápido. No así al apretar el Afrin. Aunque sale también una voz sibilante, es más pausada y grave: Alaaannn... Pó, y me empuja en fina llovizna, pulverizada a su mínima expresión (al menos esa es la sensación que da), del compuesto de oxymetazolina que de alguna manera reduce el exudado de fluidos a partir de las vénulas postcapilares (o sea, me libra de la moqueadera), y contrae los vasitos de mis napias aumentando el diámetro de la avenida por donde debe circular el aire, ese inefable y bendito aire que contiene algo que me encanta y embelesa: oxígeno.

El otro día, intercambiando malestares y congojas con mi compadre José Franco (en verdad es de lo que menos hablamos cuando nos hacermos visitas telefónicas), le comenté que había leído en algún papel, o escuchado en alguna voz, que el uso prolongado de nuestro estimado amigo Afrin puede dañar el tejido nasal y resultar en congestión crónica. Se echó a reír. «Vamos, compa –me dijo–. ¿Qué puede hacernos más daño que no respirar?» «La vaina es que los especialistas en naringología nos dicen que lo primero que tenemos que hacer para curarnos es dejar el Afrin» –le dije–. «¿Será que lo que nos quieren hacer es la autopsia?» Sentí un gran suspiro en el otro lado de la línea (y no era de melancolía sino de falta de oxígeno), luego la voz pausada del poeta: «La Muerte nos ha dado toda una vida de ventaja, así que antes de que nos pille debemos aprovecharla y seguir respirando y respirando que sin aire no hay vida.

«Y sin vida, querido compadre, nos quedamos sin aire, sin poesía, sin arroz con coco, sin recuerdos gratos de nuestros pecados de ayer, sin oler un amanecer en Gorgona, sin duendes ni tuliviejas, sin una copita de Cinzano, sin ojos para ver mujeres bonitas, sin pena (pena dije) ni gloria. Sin nada, ¿o debo decir con nada?»


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870375
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América