Así es esto: perdonas en el primer tiempo las pocas que tienes y te aniquilan en las pocas que ellos tienen (ojo, en la primera parte). Porque cuando recibes dos goles en 45 minutos es porque las cosas están mal en tu planteamiento.
No entendí a qué jugó Panamá. Y no me como el cuento de que Cecilio Waterman tenga que jugar con dos hombres de ataque para verse más suelto; porque ayer, con delanteros-volantes (Allan Hernández y José Diego Álvarez), el jugador del Fénix de Uruguay se vio igual que en los dos primeros partidos: lento en su accionar y perdido entre los defensas brasileños.
Y lo triste es que Waterman no marcó ningún solo gol en la Copa del Mundo Sub-20 y lo peor es que el combinado nacional tampoco lo hizo.
Ayer, desde la alineación de José Alfredo Poyatos se inició mal. Nunca se entendió a qué quiso jugar el exentrenador del Tauro, quien tendrá que tomar "urgentemente" un curso de motivación personal y de entrenador de fútbol.
Poyatos con sus cambios volvió a regalar el partido.
Coutinho ahogó al equipo de Poyatos con sus diagonales, con sus pases precisos, con sus habilitaciones y con su movilidad. Si Poyatos quería ganarle a Brasil debió ponerle una marca personal al del Inter de Milán, ya que este se vio muy suelto en la cancha.
Lo bueno es que la vida da segundas oportunidades. Las enseñanzas siempre quedan y este Mundial tendrá que servirle a Julio y Jorge Dely Valdés (los dueños de las selecciones), a Pedro Chaluja y a todos los "pesos pesados" de la "Fepafut" para tomar decisiones serias.