A todos nos gusta aquel juego de palabras en que se confrontan conceptos cuyos significados suelen cruzarse y revolverse en la espuma del humor. En el ser humano se cuecen todas las habas y el resto de las menestras. Aquella iluminación que, de seguro, es un invento de Dios es la risa. No creó otro ser con esa capacidad para hacernos grandes cuando reconocemos la razón en la opinión del otro; o para aplaudir el éxito de un contrario o para maravillarse, desde el alma, por la belleza. Tiene que ser Dios. Sí señor.
El ejercicio al que me refiero no deja de ser exigente, toda vez que se precisa de gotas de ingenio, percepción de la matemática del idioma y, por supuesto, la gramática de la fantasía como la llama Rodari.
Algunas de estas perlas, por el consabido juego y rejuego de la broma no dejan de ser escatológicas pero, quien resiste esos bocados. Se trata de usar aquella inflexión No es lo mismo, para generar destellos de inteligencia de aquellos que se fascinan de ejercer la eutrapelia como una forma de vincularse socialmente. Por ello he decidido jugar, mientras les invito a hacer lo mismo porque no es lo mismo este día, que un domingo cualquiera. No es lo mismo ir despacio, que caminar para atrás como el cangrejo. No es lo mismo no moverse, que estar quieto. No es lo mismo llegar, que llegó. No es lo mismo estar seguro, que saber. No es lo mismo se me olvidó, que recordar. No es lo mismo ver cómo pasa el tiempo que envejecer. No es lo mismo en este instante, que en el acto. No es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar.
Y si se tratara, buscando una razón práctica, de atender a la ortografía, miré cómo cambia la vida una humilde tilde, si decimos: no es lo mismo revólver, que revolver; púlpito, que pulpito; séquito, que sequito…
Entonces no es lo mismo creer en algo, que tenerse fe. No es lo mismo conocer a alguien, que la amistad. No es lo mismo manicomio, que comió maní. No es lo mismo huele a traste, que atrás te huele. No es lo mismo tener un hambre atroz, que… Una para todos, que todos para una, como no es lo mismo cien a los setenta que setenta para cien, o ¿cuántos cuatros caben en cuarenta?