Perfil
- Nombre: Manuel Orestes Nieto
- Profesión: escritor, editor y profesor.
- Obras: “Poemas al hombre de la Calle” (1968-1970), “Enemigo Común” (1974), “Diminuto país de gigantes crímenes” (1975), “Oratorio para Victoriano Lorenzo” (1976), “Poeta de Utilidad Pública” (1990) y la antología “Rendición de Cuentas” (1991), que recoge veinte años de
- su producción poética. “El
- imperecedero fulgor”
- (1996); “El legado de Omar
- Torrijos, Panamá”, dos ediciones,
- 1997 y 1999. “El país
- iluminado” (La Rama Dorada,
- Ediciones Literarias,
- Panamá, 2001 y segunda
- edición, 2003); “Ala grabada
- en blanco” (La Rama Dorada,
- Ediciones Literarias,
- Panamá, 2001). “Ardor en la
- memoria” (2008).
Casi dos años después de haber ganado el Premio Ricardo Miró en la categoría poesía, Manuel Orestes Nieto parece estar pagando las consecuencias de haberse rehusado a acepar una publicación del Inac que le pareció físicamente desagradable y editorialmente grotesca.
La directora anterior, Maruja Herrera, no honró su palabra de hacer una edición más decente de “El deslumbrante mar que nos hizo” y hasta ahora le ha sido imposible saber qué pasará con la nueva administración, por lo que el autor ya está pensando en una edición propia.

En ínterin, Orestes Nieto sigue su andar literario, sin dejar escapar la oportunidad para denunciar con valentía las falencias del más importante premio de la literatura nacional y cuestionar la falta de una política editorial clara en el Inac con relación a los escritores.
¿En qué quedó el Premio Ricardo Miró que ganó hace dos años?
Como se sabe, no acepté la edición por considerar que no llegaba a ser ni un libro, menos la publicación de un premio nacional de literatura. Le envié una carta a la entonces directora del Inac y le expliqué allí las razones de rechazar la publicación y los aspectos técnicos y editoriales que me parecieron, y me siguen pareciendo, inaceptables.
Pero en la opinión pública quedó la impresión de que todo se había dado con fluidez, ¿qué pasó en el camino?
Lo que hubo fue una conversación telefónica entre la directora del Inac y mi persona para superar la situación. Quedamos de acuerdo en que se haría una edición enteramente nueva y, además bajo mi responsabilidad, sobre la maquetación y el diseño del libro. Para los que nos desenvolvemos en el medio cultural, no es sorpresa que hace más de 40 años he ejercido como editor de revistas, suplementos culturales, libros y ediciones diversas. En este momento, por ejemplo, estoy al frente de una editorial universitaria. Te decía que yo haría el diseño final y el Inac la impresión. El asunto es que así lo hice, resolví el diseño completo, pero nunca se concretó la reunión para culminar el proceso. Llamé tres veces y desde la dirección se pospusieron consecutivamente citas acordadas, de modo que decidí no llamar más.
Las declaraciones de encontrarle esta salida a la publicación de un libro maltrecho fueron de la directora anterior, no mías, quien dijo en su momento que, en efecto, habíamos hablado, pero me llamó la atención que dijera que respecto al poemario eran solo errores pequeños, lo cual no fue ni lo que se habló ni la realidad del libro que me dieron; ante eso, yo en verdad preferí no seguir esa saga en los medios. Allá reposa aquella carta detallada, y seguí con lo hablado: presentarle el diseño final a mi satisfacción, con los materiales de impresión que consideraba y que se imprimiera el libro si se podía. Y no se pudo.
¿Nos puede precisar qué problemas específicos presentó la edición de la obra?
Mira, la poesía es, entre otras cosas, un hecho estético; si el libro es el soporte formal para transmitir esa poesía, para ser leída en forma impresa, lo menos que puedes esperar y exigir es que se haga un libro bien hecho, amable al lector y que su diseño sea cónsono con el contenido. El hecho editorial es también un arte. Aquel libro era todo menos eso. Yo como autor no reconocía mis textos en páginas sin diseño, distribuidos arbitrariamente y de cualquier forma los poemas, físicamente muy desagradable, apretujado, sin interlineados, un coctel de letras, tamaños y formas, errores elementales… sintetizando: editorialmente grotesco y antiestético, ¿qué crees que yo debía hacer? Yo ya había hecho mi parte, escribirlo y además ganar el premio; ellos, editarlo y hacerlo decentemente; y si me pongo exigente: hacerlo a la altura editorial de lo que deben ser los premios nacionales de literatura del país.
¿Ha tenido algún contacto con la nueva administración?
“El deslumbrante mar que nos hizo” es un poemario escrito en 2011, concursó en 2012, vamos en dos meses o tres a comenzar 2015. Yo no escribo para que responsabilidades ajenas dejen mis textos en la oscuridad… ¿o sí?
Por supuesto que he llamado al despacho de la nueva administración, no una, cuatro veces… no hay respuesta. Parecidas a la que te dieron a ti para una entrevista: que no habían pasado por la Asamblea, que se le informaría de la llamada, que si deseaba hablara con su asistente, que de qué se trataba el tema. No conozco a la directora, entiendo que conoce de asuntos de diseño gráfico. Yo no estoy rogando ver a nadie, que quede claro eso en tu entrevista. Y observa, quise tomar contacto por una razón muy simple: dialogar y explicarle qué pasó con la publicación, pero si no hay respuesta tampoco hay problema. Ciertamente, a estas alturas, lo mejor para mí es hacer una edición propia de autor. ¿Tú has ido o conoces donde está la Editora de la Nación, en Río Abajo? Deberías hacer un reportaje. Tienen la oportunidad de oro de lanzarse a resolver de raíz el tema editorial y del libro, en lo que al gobierno actual compete. Lo que sí sé es que los autores comprometidos con el oficio siguen escribiendo y lo van a seguir haciendo.
¿Qué recomendaría para mejorar el Miró?
A propósito de la edición de los premios, yo no sé quién patentó el hecho de que los libros premiados salen casi al año siguiente, en la raya, corriendo, antes de que se falle el premio del año siguiente. Son cinco libros solamente. Eso se hace en semanas, en menos de dos meses, si hay voluntad y si hay una política editorial clara. Obviamente, no la hay. Hace años es así, muchísimos años es así, en gobiernos de signos políticos distintos. ¿Tú conoces algún conjunto de ediciones, libros editados en colecciones por género, difusión y comercialización de las obras en forma eficiente? ¿Sabes de alguna iniciativa de la institución oficial para que los premios nacionales sean leídos, de giras de esos autores por el país, en las escuelas? ¿Los autores panameños ya fallecidos los publica el Estado o se quedan como muertos y más desconocidos aún? ¿Cuántas reediciones se hacen? No se hace ni se sueña hacer ninguna. A eso me refiero, no es premiar nada más. Ni tampoco lo es sacar autores nacionales de las lecturas complementarias del sistema educativo, sino lo contrario.
Los jurados se han quejado de que muchas postulaciones en los diferentes géneros se presentan a la carrera y sin depuración, ¿usted estaría de acuerdo con que se declare desierta alguna categoría en la que no se encuentre el nivel esperado?
Sí, sé que los jurados han observado esa realidad. Pero te señalo que la literatura, la creación literaria, primariamente compete al que la escribe, a su capacidad, a su sensibilidad, a su talento, a su cultura, a las herramientas -poderosas por cierto- de la palabra que posea o no. Y si tienes vocación. Es como un oficio de orfebrería, no un entretenimiento. Y el resultado está ya más certificado desde hace siglos: o tu texto es una buena literatura o es la otra, la mala, pésima, horrenda. Y hay la literatura extraordinaria, la de excelencia, por eso existen Tagore, Whitman, Neruda, Borges, Guillén, Lezama, Paz, Fuentes, García Márquez. En todos los casos, en un premio literario, si no hay esa calidad, alguna novedad, brillantez formal y manejos de los contenidos, por supuesto que no se pueden ni deben premiar. No declararlo desierto sería un daño peor.
Parece que el haber aumentado el premio necesariamente no ha contribuido a mejorar el nivel de muchas obras que se presentan.
La dotación del Miró ya tiene sus años, de hecho, creo fui de los primeros favorecidos con el aumento; entiendo que es uno de los premios nacionales mejor pagados de Latinoamérica. Concursos entre connacionales. Muchos colegas escritores fuera de Panamá se asombran del monto. La administración que subió el premio a quince mil dólares por sección, asumo que le impulsó, entre otras cosas, estimular a los escritores, hacer una especie de justicia a la literatura.
Pero pareciera que en el caso de los Ricardo Miró se confirma aquello de que el aumento del premio no garantiza la calidad, sino lo contrario.
Te reitero que la calidad o no de una obra literaria compete primariamente a quien la escribe. Con un premio al frente de esa suma, obviamente muchos hacen boletos de lotería, no libros, literatura mucho menos.
Una de las críticas al Miró es que ni el premio y mucho menos los libros y sus autores logran proyección internacional, ¿qué opina al respecto?
Te reitero, toda buena literatura se abre camino por su valor intrínseco, por lo que propone, por lo que entrega al lector, por sus hallazgos o temas trascendentes. La medida de la literatura no es quién gane localmente un premio o no; no cabe eso de que en el país de los ciegos el tuerto es rey. La medida es la literatura que hacen los escritores donde estén y quienes sean. La literatura marciana no existe, la hacemos los seres humanos, del país que seamos, con las raíces que tengamos. Hay literaturas nacionales, con vigor y acumulación, mayores unas que otras, pero el hecho literario, el que se realiza en la soledad y el parto que ello entraña, lo hace cada autor. La medida, universal, si quieres verlo así, es esa y en ella somos o logramos algo o no añadimos nada. Los otros factores que mencionas, de posicionamiento a partir de un reconocimiento literario, pueden apuntalar, ayudar; la existencia de una voluntad consciente, institucional, de difundir la literatura, darle su lugar, es lo que deben hacer los Gobiernos, las entidades culturales… promover la creación, la lectura y que haya lectores.
¿Tiene intenciones de seguir participando, a pesar del último tropiezo?
Yo sé que muchos colegas escritores se tropezaron antes, y también después, por ediciones que no les gustaron para nada, que no les dieron ninguna alegría ni satisfacción, así que no solo he tropezado yo con esa piedra. Cuando rechacé la edición, ¿sabes qué me pasó? Que del fondo de muchos silencios, más de doce, quince escritores premiados en el Miró me dijeron de sus penurias editoriales y, créeme, que algunas son de pánico. Así que participar o no hacerlo obedece a otros asuntos o resortes. Mira esta curiosidad: Una vez le dije al poeta Salvador Medina Barahona que yo no debía participar más, ya he sido premiado varias veces, un competidor menos para los jóvenes. Y me dijo que ni loco, que siguiera concursando. Lo bueno fue la razón que me dio: que no era para que yo volviera a ganar, sino para él ganarme.
Un nuevo libro sale a flote
Sobre su próxima entrega, también fue preguntado y esto fue lo que reveló don Manuel Orestes Nieto.
Entiendo que tiene un nuevo libro de poesía andando, ¿de qué se trata?
Creí que nunca me lo ibas a preguntar… En diciembre pasado cumplí 45 años de hacer poesía. Lo que hicimos fue agregarle al volumen “El cristal entre la luz”, que reunía poemarios hasta 2008, lo escrito en el quinquenio siguiente. Cinco cuadernos poéticos del periodo, uno por año en promedio. Así, hace unos meses editamos el volumen que se titula “Altamar”, en una edición de 420 páginas. Es la obra poética desde 1968 hasta 2013, por fuera quedan muchos poemas publicados en revistas y prensa de Panamá y el extranjero, colaboraciones en antologías, letras de canciones…
A propósito: ¿sabes por qué los periódicos ya no publican poemas o cuentos cortos? Busca en los archivos la página “Trastienda” de los setenta, del entonces “Dominical”, allí publicaba cada domingo poemas de autores panameños, críticas de libros, narraciones. Debería volverse a hacer, ¿no crees?
Altamar hace alusión reiterada en su poesía al agua, al mar, como fuente de su inspiración.
Creo que con una palabra pude ponerle título a la navegación poética de tantos años. Sí, esta poética tiene como piel siempre la memoria húmeda de los mares, del país acuático, de nuestra geografía zurcida a los océanos. Puedes decir que tenemos una patria que es agua de mar en los costados, agua de lluvia de arriba abajo y agua dulce de los ríos. ¿Has visto el nacimiento del río Chucunaque? ¿O el lío que le armó el río Chagres a los constructores del Canal para poder dominarlo? El Canal y el lago tienen como sangre el río Chagres. El título “Altamar” es, en efecto, mar y aguas, contiene todo eso. Es un libro que rinde cuentas de aquí y escrito aquí, en Panamá.
¿Escribe actualmente otro poemario, quizás en otro género?
Cuando salga te digo. Es mejor hablar de obras publicadas y no de hipotéticos libros en proceso.