Cuando un atleta panameño va a representar a su país, a nivel nacional o extranjero, lo que más anhela es conquistar una victoria. No se piensa en otra cosa. Es un sentimiento que nace del corazón y que te impulsa a dejarlo todo en el campo de batalla, porque como atleta deseas con el corazón que la bandera de Panamá luzca bella y hermosa en lo más alto de la cúspide de una competencia.
Hoy, gracias a Dios, lo puedo decir por experiencia propia. No existe en la vida de un atleta un sentimiento más grande que el ver a su bandera ondear bella y hermosa en la cima. En ese momento mágico, de mucha felicidad, lo primero que haces es envolverte en la bandera panameña y abrazarla con el corazón. Es un sentimiento tan grande que reemplaza a aquel abrazo que le deseas dar a tu familia, a tus seres queridos, a aquellos con los que quisieras celebrar a lo grande.
Aquel abrazo que le das a la bandera panameña te sale del corazón. Un sentimiento inexplicable. No hay palabras, es como si le dieras gracias a Dios por haberte dado la oportunidad de nacer en este bello país que se llama Panamá.
Los que hemos sido atletas sabemos lo que es este sentimiento, que te lleva a soltar miles de lágrimas que brotan de tu corazón, por la emoción que sientes de haber nacido en un país tan pequeño de tres millones de habitantes, pero con grandes deportistas como lo es Panamá.
Por eso es que estoy en desacuerdo con la ley que le va a prohibir a los atletas a usar los colores de la bandera panameña.
Quiero aclarar que no estoy de acuerdo con aquellas personas que quieren darle un mal uso a la bandera, como portarla en un calzoncillo o en un sostén. La ley sí debería impedir este tipo de cosas que van en contra del buen uso por nuestro emblema patrio.
Pero no debemos quitarle la libertad a un Blas Pérez, Felipe Baloy o Gabriel “Gavilán” Gómez que luzcan con orgullo las muñequeras con el dibujo y los colores de la bandera de Panamá.
Creo que no existe un solo panameño que no se haya sentido orgulloso cuando Blas Pérez anotó los dos goles en Honduras y al instante besó sus muñequeras. En ese momento, Blas Pérez le demostró al mundo que amaba a su país y que por este pequeño territorio iba a dejar la vida en el terreno.
Créanlo, el que los muchachos de la Selección Nacional Mayor de Fútbol porten los brazaletes con el dibujo de la bandera de Panamá es como una fuerza que los inspira en el terreno de juego. Es un sentimiento que corre por las venas y los lleva a sacar ese esfuerzo extra para conquistar la victoria por Panamá.
Sé que mis palabras no van a caer en sacos rotos. Sé que el Gobierno Nacional valorará cada letra que he escrito en este espacio. Les recuerdo que hoy les escribe un deportista que lo entregó todo por su país. Una persona que se sintió orgullosa cada vez que observó la bandera de Panamá lucirse en lo más alto de los torneos. Un panameño que lució con mucho orgullo los colores de la bandera por mucho años, jugando baloncesto no solo aquí, sino en los cinco continentes.
Es por eso que hoy le pido al Gobierno Nacional que no le quite la oportunidad al atleta de sentirse orgulloso de ser panameño. Le pido que no les arranque el corazón a los atletas panameños.