Antropóloga, actriz y escritora
Tengo clarísimo que soy políticamente incorrecta, y, la verdad es que cuantos más años cumplo menos me importa aparentar serlo, por lo tanto me voy a arriesgar a las pedradas y a los adjetivos calificativos: no todos los derechos que invocáis son derechos. Punto.

Me saca de mis casillas escuchar tanta estupidez, un grupo de gente decide que tienen que tener una casa a costa de lo que sea, y van y roban tierras. Sí señores, el ocupar un terreno que no es tuyo es robar. Si no es tuyo y lo coges eres un ladrón. A ver, si matas a alguien en defensa propia, pues vale, pues bueno, pues a lo mejor te libras de la cárcel. Pero eres un homicida. En defensa propia, sí, pero homicida. Llamemos de una buena vez a las cosas por su nombre: si robas eres un ladrón. Pues bien, robaste tierras, en conjunto con otros ladrones como tú, que sí que bueno, que entiendo que en grupo parece que te sientes más arropado y las cosas son menos malas. Las jaurías ocultan la cobardía y las hordas siempre han matado (y robado) con impunidad. Lo de Fuenteovejuna es buen ejemplo del caso. Pues vale. Ahora tienes un terrenito. Eres terrateniente y te sientes con derechos a exigir. Entonces paralizas media ciudad para exigir, ¡exigir!, que con los impuestos que pagamos todos te pongan luz y agua, y carretera para poder acceder fácilmente al terreno robado donde construiste tu casa. Y yo me quedo patidifusa.
¿Será que cuando ya tengas tu casita de bloques, con su jardincito y todo, vas a permitir que venga alguien, acampe en tu jardín y monte en él un tendejón donde se acomodará con sus cosas y su familia porque claro, no tiene casa y él también tiene derecho? Tú, invasor, ladrón, sí tú, ¿lo permitirías? Ajá, ya, excusas. Eso me parecía.
La cosa es que no seré yo la que predique que no tenemos todos, (y todas), el derecho a una vivienda digna, que lo tenemos. O mejor, dicho, tenemos el derecho a poder acceder a una. Eso no tiene nada que ver con que tengamos que conculcar los derechos de los demás para lograrla, y en el caso de las invasiones de tierras y las consiguientes manifestaciones para exigir (sí, exigir) los servicios básicos, se tiran por tierra dos de los derechos de los demás: el de la propiedad y el del libre tránsito.
No, no me vale que me salgan con que el gobierno tiene que proporcionar vivienda. El gobierno debería de proporcionar soluciones apropiadas de vivienda. Sí, por las cuales habría que pagar y a las cuales se accedería (en países con un orden democrático mínimo), aplicando para ver si tus condiciones económicas son las que tienen que ser. Y por esas soluciones de vivienda, repito, hay que pagar, listillo, pagar. ¿Queréis exigir al estado? Pues entonces a contribuir. Y el Gobierno a ver si deja de andarse con paños calientes en estos casos y actúa efectivamente para poner coto a exigencias de grupúsculos que, con más cara que espalda y por las bravas, quieren agarrar al resto de la sociedad de imbéciles. No se permiten los robos de tierras. No se permiten los cierres de calles. Sanseacabó.
A ver si nos vamos cortando un poco invocando derechos propios u obligaciones ajenas. Que los ricos por ricos, y los pobres por pobres, aquí la clase media está agobiada. A ella nadie le da nada gratis y el día en el que los que pagan por todo se cabreen, va a arder Troya.