Cada cuatro años, cuando se avecinan los Juegos Olímpicos, salen a relucir los llamados "wild cards", invitados y otras hierbas aromáticas que, al final, encienden un debate sobre la clasificación a la justa olímpica.
Mi opinión es clara: si no se ganan su cupo, no deben ir. Esos cupos regalados ayudan mucho a crear falsos olímpicos, que al final solo van a tomarse "selfies" y a decir que llegaron a los Juegos.
Sé que no podré cambiar las reglas de la universalidad olímpica, pero soy fiel creyente de que las cosas se ganan porque lo regalado nunca sabe a nada.
Es lamentable que si a los Juegos Olímpicos van los mejores atletas del mundo, en nuestro país celebremos la ida de atletas que no ha conseguido su cupo por la vía natural, que es competir y ganarse el puesto, y que es la única que reconozco.
Es muy bonito no ganarse el puesto y esperar a que llegue caído del cielo, cuando otros se parten el lomo buscando la marca.
En una conversación con un colega, recuerdo que me dice que Panamá, hasta donde yo sé, no había clasificado de forma directa a tantos atletas como en esta ocasión, y ojo, solo son 4, que por respeto a estos atletas que sí se sacaron la mugre por hacerlo bien, no llevaría a más nadie. Vamos con esos cuatro, y de paso, enviamos el mensaje alto y claro... las cosas hay que ganárselas.
Digan lo que digan los señores del Comité Olímpico de Panamá, estas invitaciones que vienen llegando pronto premian a la mediocridad y no a la excelencia.
Me escribía un conocido, luego de que se supo la invitación que se le concedió a Isabella Amado, "deja que la niña goce", cuando yo le presentaba mi duda de las invitaciones a los Juegos Olímpicos.
Bueno, déjeme decirle señor, por este medio que se me acomoda bien, este caso me recuerda mucho al de un nadador al que se vio en el desfile de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, con unos lentes verdes, de verdad que gozó porque no dio mucha competencia.
Eso hacen los invitados: disfrutar de la fiesta, divertirse, pero no competir como lo hacen los que se parten el c... ganándose su cupo.
Otro que me increpaba en una ocasión era Andrés Villa, quien me decía: "Que tal si uno de esos invitados tiene una tarde brillante y saca una medalla". Recuerdo que le contesté: "Es igual como si me ganara la extraordinaria dos veces en el mismo año".
Es casi imposible, digo casi que es primo del nada (parafraseando a un locutor de fútbol), que un atleta que no haya clasificado por sus medios se meta en un podio. Bueno, para que duerman bien, hay un 0.001% de posibilidades de que eso pase, más cuando en el ciclo olímpico, que es un periodo de cuatro años consecutivos que transcurre entre Olimpiada y Olimpiada y que durante ese lapso los atletas compiten, según su ubicación geográfica, en eventos que poseen el mismo formato de unos juegos olímpicos, logre una medalla porque allá simplemente se verán con los mejores, esos mismo que los dejaron por fuera en sus respectivas regiones.
Sepan algo, es llamarnos a engaño pensar que estos invitados irán a competir. Invitar atletas, sin la marca competitiva, es insultar, léase bien... insultar a Alonso Edward, Yvette Lewis, Carolina Carstens y Jorge Castelblanco, que hasta el momento tienen su cupo directo y los que han ido a los Juegos con su boleto ganado.
Esta política de engaño solo ayuda a las casas de tatuajes porque más tiempo duran esos atletas poniéndose en el cuerpo los aros olímpicos que lo que hicieron en los Juegos.
Por el momento, tenemos en mente llevar a algunos atletas a divertirse, mas no a competir, repito sé que es una regla olímpica, pero esta riñe contra el espíritu de competencia y la calidad de los que van a los Juegos a ganar y no a taquillar.