Sergio Ramírez Mercado (1942), el flamente escritor y político nicaragüense, no se considera héroe y mucho menos víctima, a pesar de que se ha visto forzado a manifestarse con “un cuchillo en la lengua” en medio del cerco de prohibiciones al que se ha sometido por estos días a varias artistas, poetas y escritores de su país.
El escritor, que presentará su última novela El cielo llora por mí en la V Feria del Libro de Panamá, que se inaugurará el 19 de agosto, ha dicho que es “triste amenaza la de cortarle la lengua a un escritor, en un país de escritores, donde siempre ha reinado con majestad la poesía”.
Pero Ramírez Mercado, quien en otrora fue miembro del grupo “Los Doce” conformado en las postrimería de la década de los 70 por empresarios, sacerdotes, profesionales e intelectuales para enfrentar la dictadura de Somoza y apoyó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), no abandona sus aspiraciones ni sus ideales y sigue luchando por ellos desde la literatura o a través de cualquier intersticio que encuentre.
Confiesa que cada día, antes de comenzar a escribir, abre las persianas de su estudio, porque en definitiva no se puede escribir en la oscuridad, ya sea que ésta sea producto de la carencia de luz o de algún dedo que inútilmente intente tapar el sol.
Aunque no acostumbra emplear los foros literarios como tribuna para exponer sus posiciones y puntos de vista políticos, el también autor de Sombras nada más, no se rehúsa a responder cuando se le interroga, como lo comprobó díaDesta semana.
Sergio Ramírez Mercado (SRM): Una oportunidad de oro para comunicarme con los lectores. Cada feria del libro es una puerta que se abre hacia los lectores sin los que el escritor no existiría.
SRM:Estuve la primera vez que se realizó la feria en el Centro de Convenciones Atlapa y me fascinó la devoción del público por los libros; las familias enteras, padres y sus hijos, que llegaban en busca de lectura. Es una experiencia que entonces me dije que me gustaría repetir, y aquí estaré otra vez.
SRM:Vengo a encontrarme con mis lectores, y junto conmigo vienen mis ideas y mis puntos de vista políticos; pero no aspiro a convertir la feria en una tribuna. Hablo de la realidad de Nicaragua cuando me preguntan sobre ello. Por lo demás, prefiero hablar de literatura, y ver a los actores políticos como personajes posibles.
SRM:Yo soy un escritor que opina, porque miro hacia la realidad de mi país, y hacia la realidad de América Latina cada día que abro la persiana de mi estudio, porque no puedo escribir en la oscuridad. Si hay opresión, abusos, corrupción, atentados contra la libertad de expresión, ni puedo dejar de verlo, ni puedo callarlo. En este sentido, paso a ser un ciudadano que tiene el deber de ejercer la crítica.
SRM:Héroes de ninguna manera, y el papel de víctima me gusta poco. Diría mejor crítico, que no puede ni debe callarse. Y en este sentido, uno aprende a afrontar las consecuencias; pero las consecuencias vienen a ser peores si uno se calla, porque uno tiene que hablar también en nombre de los demás, de los que sufren algún tipo de opresión, de violencia contra sus derechos, y no tienen voz.
SRM:El cuchillo siempre está allí. Cuando vetaron mi prólogo a la antología de poesías de Carlos Martínez Rivas, cuando las turbas al servicio del Gobierno me impidieron presentar mi novela El cielo llora por míen la Universidad de León, donde yo me gradué. Más recientemente, cuando una organización no gubernamental suiza se negó a financiar un libro de fotografías de la artista Olivia Haussler, solamente porque yo lo prologaba. Un asunto de temor a que no los dejen operar en el país, que en este último caso es lamentable porque se trata de una ONG europea que debería dar ejemplo de libertad de conciencia. Cuando se vetó mi prólogo a Martínez Rivas, el diario El País dijo no, de manera ejemplar.
SRM:Quiero hablar de las acechanzas en contra de la libertad de expresión, en cualquiera contexto que se den. Se cierran radios en Nicaragua y en Venezuela, se asesinan periodistas por parte de bandas narcotraficantes en México, todo como actos de poderes en contra de quienes informan, y de los medios de los que se valen para informar. No puede haber democracia sin una irrestricta libertad de expresión, y sin seguridad para los periodistas y para los escritores.
SRM:La de Somoza, sin duda. Se trataba de una mezcla de represión sorda, y de indiferencia frente al arte en general. Hoy estamos en camino de una nueva dictadura, pero sólo en el camino. La indiferencia frente a los creadores, el abandono, es también una forma de represión. Mi esperanza es que vamos a poder evitarla, como causa común de los ciudadanos pacíficos, que ya encontrarán una salida para restablecer plenamente la democracia, y, con ello, la plena libertad de expresión. Por la libertad de expresión se sufre con las amenazas, los halagos, el silencio impuesto, y también negociado.
SRM:De ninguna manera. La revolución sandinista es parte indisoluble de mi vida. Lo que quisiera ver en el futuro es un sandinismo libre y juvenil, democrático y moderno, que presente a la verdadera izquierda en Nicaragua, y que sea una opción de poder. En ese sentido yo sigo siendo sandinista.
SRM:Nace de una simple realidad, y es que Nicaragua es, por su posición geográfica, un puente de la droga que viene del sur del Continente y va hacia Guatemala, México y los Estados Unidos, donde está su mejor mercado de consumo. Este hecho despierta dramas cotidianos en la sociedad, uno de ellos la corrupción que se cierne sobre los poderes públicos, y la violencia, que afecta a los ciudadanos comunes. Suma corrupción y violencia y ya tienes tela que cortar.
SRM:Bueno, allí tienes todas las novelas que se han escrito sobre dictaduras, desde Tirano Banderas de Valle Inclán a La fiesta del chivo de Vargas Llosa, un siglo entero de novelas de dictadores. Esos personajes y sus aparatos corrompidos de poder, sus cámaras de tortura, su papel de reyes sexuales y dueños de vidas y haciendas, es parte de la realidad de América Latina, y no creo que el número de tiranos se haya multiplicado por causa de esas novelas. La novela es un espejo que refleja lo que hay, sea odioso, o atractivo.
SRM:A los lectores, a las lectoras; y digo lectoras no por esa nueva regla de expresar a ambos sexos en la gramática, sino porque las mujeres son las que más leen, está demostrado; leen más que los hombres desde el siglo diecinueve, y leen con devoción y entusiasmo. No hay novela sin lectores; sólo los poetas místicos escribían para sí mismos, es decir, para comunicarse con la divinidad.
SRM:Sin la intermediación del humor se corre el riesgo de entregar una obra fallida. En un tema como éste de narcotraficantes poderosos y policías sin recursos, ponerse demasiados serios puede llevar sin remedio al melodrama. Mis personajes se ríen de sí mismos para poder reírse de los demás, y de ese humor negro que tienen nacen sus propias defensas frente al infortunio, en su combate desigual. No en balde mi personaje principal, el inspector de la policía antidrogas, se llama Dolores Morales, y su compañero de aventuras, Lord Dixon, lo llama a veces Placeres Físicos.
SRM:Estoy escribiendo una novela sobre una mujer de los años treinta del siglo pasado, libre y valiente, una mujer bella y estupenda escritora que desafió a la sociedad conservadora de su tiempo. Y estará narrada por tres mujeres. Mira qué clase de aventura en la que me he metido, un verdadero “tour” de force eso de narrar desde el punto de vista femenino, y tres veces, con tres voces diferentes.