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No se puede tapar el sol con una mano


Ni con la cara, como en cierta ocasión dijo el estimado Pichulo. No se puede pretender que no pasa nada. Porque sí pasa. Lo sabe todo el mundo. Todos, incluyendo a los jefecillos, jefes, y jefazos. Hay policías corruptos. Eso es un hecho. No estoy diciendo que no hay policías honrados, que los habrá, una afirmación no excluye a la otra (por si acaso alguien viene a tratar de convencerme).

A todos nos ha pasado, sí a todos, la típica, te paran, quizás con toda la razón, no digo yo que no. Porque ibas a toda zapatilla o porque llevabas pegado a la oreja el aparatito de marras, o porque son las dos de la mañana y estás saliendo de calle Uruguay y ¡zas! retén. La cosa es que te orillas, llega el gorilote, se te planta en la ventanilla en un escorzo copiado de un actor televisivo y te pide la cédula y la licencia (si eres hombre quizás te llamen ‘ciudadano’, si eres mujer prepárate, porque la denominación puede ir desde ‘mi amor’, hasta ‘reina’, si este es el caso, respira hondo, respira, contente, matarlo no soluciona nada), se las das. El tipo entonces se aparta de la ventanilla y te deja allí unos instantes, cuando regresa, con la mirada perdida en algún punto indefinido, te dirá algo en el rango de (esta es una traducción libre ¿eh?, aunque según van las cosas tampoco me extrañaría que terminásemos así): “Fíjate que te la cagaste…. ¿tienes algo que alegar? ” Y ahí empieza la vaina, porque el tiparraco te explica que eso conlleva una sanción de tanto, pero que como le has caído bien no quiere joderte el día… Si tú eres como yo, (antes muerta que pagar coima), la estancia en la orilla de la calzada se puede extender bastante. El agente 007 regresará una y otra vez a tu ventanilla para preguntarte “Pero…. ¿usted quiere la multa?” y tú contestarás, “A ver, si puedo elegir… pues elijo que no, ni pendeja que estuviera”, él volverá a mirar a algún punto indefinido esperando el siguiente movimiento, y tú impávida al otro lado del volante, y él que se retira, y que vuelve: “Entonces, ¿le pongo la multa?” Y tú… “Hombre, pues si me la merezco será que sí” Cuando al fin se da cuenta de que la cosa no va a ir más allá, pues regresa con tu licencia y el papelín y te los arroja (sí, te los tira, te los lanza, te los echa) por la ventanilla abierta con un simple: “Circule”.

Obviamente los policías no tienen toda la culpa, ellos piden porque hay gente que les da. Y fíjense que, de juzgar, yo juzgaría y condenaría también a los ‘ciudadanos’ que les pagasen por librarse de pagar lo que les corresponde. Pero en esta tesitura me pongo a pensar ¿que pasaría si todos y todas grabásemos estas amenas conversaciones? ¿Nos iban a juzgar a todos? ¿Nos iban a condenar a todos? ¿En que clase de sociedad tarada estamos donde se castiga a los que denuncian y se deja libres de culpa a los que cometen el delito?

 

Soy defensora acérrima de la libertad de expresión, pero esto va más allá, esto es encubrimiento del delito por parte de las autoridades, y son culpables todos y cada uno de los que han patrocinado esta estupidez. El que se escuda en las leyes, el que las retuerce para beneficio propio y los que no saben que cuando acallan las voces que denuncian el delito, nos dejan a todos a merced de los delincuentes.


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811486
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América