El exjugador de la NBA Dennis Rodman hizo ayer escala en Pekín tras haber pasado una semana en Corea del Norte, donde participó en las celebraciones del cumpleaños de su amigo, el dictador Kim Jong-un, y se defendió de quienes le han criticado por ese viaje al restar importancia a su influencia sobre el líder.
"No soy Dios, no soy un embajador, no soy nadie. Solo quiero enseñar al mundo que podemos llevarnos bien practicando deporte, eso es todo", comentó el excanastero.
A Rodman le han llovido las críticas después de que la semana pasada, en Pionyang, justificara la detención en Corea del Norte del pastor evangélico estadounidense Kenneth Bae, retenido en ese país hace más de un año, pese a las intensas peticiones de Washington para que sea liberado.
El jugador se disculpó un día después por ello, alegando que le habían afectado el estrés del viaje y el alcohol, y ayer pidió nuevamente perdón por no haber podido ayudar a Bae, aunque defendió una vez más su iniciativa de acercamiento deportivo al aislado régimen.
"Amo a América, amo a mi país, nunca lo perjudicaría", manifestó por otra parte el exjugador de los Chicago Bulls.