Las cosas pululan, despiden sus aromas, emiten músicas secretas, giran, transmiten sus calores, vuelan o permanecen estáticas esperando que nuestros sentidos las acepten como realidades. Escuchamos voces, percibimos sensaciones, tocamos otras pieles. El aire entra en nuestros pulmones, movemos un dedo. ¡Paralipómena, estamos vivos!
Tanto la Naturaleza como la Civilización nos brindan sus crudas exposiciones, óperas, dramas, comedias y ballets. Nosotros, en medio de ellas, podemos ser público atento, dispuesto a exprimir el arte que nos brinden. ¿Tendrías tiempo para aburrirte si tomas la vida como un espectáculo siempre en marcha?
¡Claro que puedes aburrirte! El aburrimiento es zorro al acecho. Es como hundirse en un catálogo de páginas negras. Por gusto la cartelera cinematográfica, los noticieros, las alarmantes primeras planas, los atractivos restaurantes. Nada te hace vibrar, ni te interesa. Estás aburrido. Sientes que te ahogas en una polenta insípida. Peor si eres jubilado, te consideras viejo o si estás confinado a la casa porque un paseíto en carro cuesta 47 veces más que un programa de Discovery, o porque tu esqueleto no quiere moverse.
Vamos, hombre. El aburrimiento no viene casado con las canas. Claro está que ya no puedes jugar basket, ni te atrae la jarana. Tampoco puedes subir las escalinatas del Edificio de la Administración del Canal de tres en tres (como haría Rocky); ni puedes ajustar una balanza poniendo y quitando fieles de 50 libras (como yo solía hacer). No puedes correr olas, ni hacer 40 pechadas, ni mantener besuqueos con cinco novias (cosa que nunca pude hacer). Pero todavía puedes bañarte con la lluvia, aullando de placer bajo un gran chorro de agua (como suelo hacer). Puedes caminar mientras piensas, o viceversa (¿Aprendiste a gozar del misterioso ejercicio de pensar?). Pero sobre todo, puedes LEER. Gimnasia de oro para el cerebro. Llegas de la calle, te das un baño de agua tibia, preparas un té de manzanilla y te sientas en el sillón a leer Ulises (o a Mafalda si prefieres). Placer inigualable, orgasmo cerebral. Piensa en el prodigio que es poder comunicarte con un Séneca muerto hace más de dos mil años. Cuando lees paseas por mentes ajenas, escudriñas vidas interesantes, recibes venoclisis de fantasía. Cuando lees, ni siquiera Pepito puede hacer sus maldades. ¡Lee!