La fama, pecadora y cautivadora, es una señora fugaz. Muchos desean acostarse con ella, hacerle el amor, tenerla, pero para Irving Saladino se ha convertido en un verdadero problema, por eso le huye y, hasta cierto punto, la "desprecia".
Ella -acepta- ha convulsionado su vida, dándole un vuelco de 360 grados. Del chico desconocido que una vez fue, su rostro ha pasado a ser uno de los más vistos en el territorio nacional. Su juvenil imagen aparece en vallas publicitarias, anuncios de TV y en cuanta pauta comercial haya.
Sí, lo admite, todo lo anterior le ha dado buenos réditos y le ha mejorado su estatus social, mas afirma que ha pagado un "alto precio".
PA: ¿Cuál es la desventaja de ser famoso?
I.S. "Esto de la fama tiene muchas desventajas, porque ya uno no tiene vida propia, a veces hasta estresa porque, por ejemplo, hay ocasiones en la que estoy comiendo en algún restauran y tengo que dejar enfriar la comida por firmar algunos autógrafos o tomarme fotos con alguno que otro admirador".
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Palabras más, palabra menos. Desde el 2006, año en que empezó su ascenso meteórico a la cúspide del salto largo, la figura de Saladino ha ido creciendo en popularidad la cual llegó a su punto más alto el pasado 18 de agosto, cuando ganó la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Beijing.
Para el número del mundo, lo que ha vivido ha sido un sueño, pero también una especie de pesadilla. Con rostro severo, aseguró que esta extraña transición del anonimato a la fama ha sido muy veloz, tan veloz que no se dio cuenta cuando "perdió el derecho" de caminar libremente por la calle, sin que nada ni nadie le pidiese nada.
PA: ¿Cómo hace Saladino para manejar toda esta situación de no poder pararse en una esquina sin que nadie se le acerque?
I.S: "Bueno, intento aprender a vivir con eso, aunque es un poco incómodo, lo que sí puedo decirte es que he llegado a la conclusión de que la fama no me gusta y definitivamente no es para mí".
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No sólo son sus fanáticos, sino también los periodistas los que -confieso- no lo dejamos dormir. Mientras transcurre esta entrevista da la súbita impresión de que el primer campeón olímpico de Panamá accede a conversar con nosotros sólo por no "quedarnos mal".
Saladino ve el reloj, advierte que afuera lo esperan, pero caballerosamente sigue su charla con Panamá América.
PA. ¿Qué opinión tienes de los periodistas panameños? ¿Crees que tenemos culpa de todo lo que te ocurre?
I.S: "No, yo pienso que ustedes hacen su trabajo normalmente, así de simple. No es conmigo con quienes ustedes se comunican directamente, sino con mi padre (David), aunque a veces yo atiendo personalmente, pero comprendo que tienen que buscar la noticia".
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Por no responder su celular, o no atender determinadas citas, ya se han empezado a escuchar en los corrillos periodísticos frases de esta índole: "qué le pasa a él (Saladino), ahora se la quiere dar de exquisito (de importante)".
A raíz de lo antes dicho, surge la siguiente interrogante: que una persona no conteste su teléfono o se niegue a dar cientos de autógrafos, ¿es una prueba irrefutable de que la fama lo ha vuelto loco y, por tanto, ha perdido la humildad?
Para Saladino, no. Él reafirmó que sigue siendo el mismo, sólo pide que lo dejen descansar porque desde que pisó suelo patrio ha recibido un bombardeo incesante de invitaciones a una considerable cantidad de eventos.
Él comprende que esto es la consecuencia de haber ganado el primer oro olímpico para Panamá y agradece que lo valoren tanto.
PA. ¿Sólo atiendes las invitaciones más importantes?
I.S: "No siempre se puede complacer a todos, pero para mí todas son importantes porque sé que esas personas hacen todo de corazón".
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Convertido en ídolo de ídolos, de personalidad introvertida, a Saladino le cuesta adaptarse a su actual "modus vivendi", y dijo que no cambiaría nada de él para hacerlo.
PA. ¿Qué cambiarías de tu personalidad?
I.S:"Nada, creo que así como soy estoy bien, tampoco cambio la medalla de oro por nada, ya que era algo que todo Panamá esperaba".
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A excepción de Panamá, Saldino no tiene un país favorito, aunque le agrada la "tranquilidad" de Europa. Prefiere no hablar de política, porque -reveló- no le gusta, mas sí se interesa por los temas y problemas sociales.
PA. ¿Qué no te gusta de Colón, tu ciudad natal?
I.S: "La violencia y la delincuencia son cosas que cambiaría, ojalá algún día las personas cambien eso y busquen respuesta, cambien la tradición, y solucionen sus diferencias pacíficamente".
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En los Juegos Olímpicos de Beijing, Saladino probó, como nunca antes, el dulce sabor de la victoria. Dice que el legendario boxeador, Roberto Durán, quien también conoce de los sinsabores de la fama y quien estuvo presente en las gradas del majestuoso "Nido de Pájaros", le sirvió de inspiración.
PA: El "Cholo" Durán te abrazó, pero ¿qué te dijo al oído?
I.S:"Me felicitó, que lo había hecho bien. Verlo allí a él en aquel momento fue algo sensacional. Durán fue fundamental para que yo consiguiera esa medalla de oro".
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Como muchas cosas en la vida, el atleta colonense sabe que la fama es pasajera, fugaz, y no es garantía de tener un destino próspero, alentador; por eso, piensa terminar sus estudios lo más pronto posible, porque quiere asegurar al máximo su futuro.
PA. ¿Qué haces en tu vida académica?
I.S: "Pienso terminar muy pronto mi maestría en ingeniería eléctrica, esta es una meta que estoy decidido a cumplir".
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Así complica la vida la fama. Aquel niño que se crío en calle 4.ª, Colón, aparenta ser incapaz de negar un autógrafo; siempre se le ve tratando de complacer a cuanta persona se le acerque, pero reitera que esto, de ser famoso, no le gusta.
"Bueno, no sé, a veces me siento agotado, y quisiera volver a ser como antes", relata el hijo de David y Cristina de Saladino.
¿Qué hubiese pasado con Irving si aquel 18 de agosto no hubiese tenido la dicha de vencer?
¿Hubiese vivido lo que vive hoy?
Los ídolos, aunque ídolos, son seres humanos, y a los nuestros, antes de juzgarlos, debemos comprenderlos.