Recientemente una de las reuniones hípicas sufrió una demora inusual debido a que la dirigencia de los jinetes amenazó con no seguir actuando porque no se iba permitir que uno de su colegas actuara por un formulismo. El sujeto de esta controversia fue el jinete Juan Gallardo, quien volvía a la competencia local después de probar suerte en el hipódromo Las Américas en México.
Supimos después que el entuerto tuvo su génesis en una disposición traída de los caballos por parte de la Comisión Nacional de Carreras, según la cual, de ahora en más todos los jinetes que procedan de hipódromos foráneos y tengan la pretensión de montar en Panamá, deben presentar un documento "sellado" mediante el cual se certifique que tienen el "salvoconducto" del hipódromo de origen.
En principio no nos oponemos a que la Comisión Nacional de Carreras tenga la disposición de que, por un lado, se haga cumplir el Reglamento de Carreras y que, por el otro, el mismo sea de igual cumpliento para todos, puesto que se sabe que han habido casos de jinetes, tanto nacionales como de otros países, que han venido a montar aquí a las buenas de Dios. Pero de eso a querer establecer patrones que se estrellan con "los usos y costumbres" que el mismo reglamento dispone, es crear problemas donde no los hay.
Siempre ha sido suficiente que los comisarios del hipódromo de origen envíen por fax o cual mecanismo electrónico una nota en hoja membretada y con sus respectivas firmas, para que los comisarios de nuestro hipódromo lo tomen como genuino y permitan que los 'manos de seda' actúen, más cuando se trata de látigos nacionales.
El pasado fin de semana iban a volver a la acción otro par de jinetes y pendía la amenaza de otra protesta si no los dejaban actuar.
Por favor, no toquen lo que está quieto, que siempre funcionó bien.