La Real Academia Española, fundada a principios del siglo XVIII, fue eliminando ciertas grafías eruditas copiadas de los textos latinos e innecesarias para representar el habla actual. Entre ellas estaban las haches de los dígrafos th, ph y ch de palabras como theatro, philosophía o christiano. La letra pe de los dígrafos ps y pt desapareció de algunas palabras como psalmo y Ptolomeo y está pugnando por desaparecer de otras, como psiquiatría y septiembre.
Ahora la moda es adornar los nombres conocidos con letras impronunciables. Pocas mujeres habrá que llamándose Priscila no escriban Priscilla, llamándose Judit no escriban Judith, llamándose Telma no escriban Thelma, llamándose Rut no escriban Ruth, llamándose Ester no escriban Esther o llamándose Berta no escriban Bertha. Conozco una señora llamada Marta que vive en Betania y lee la Biblia diariamente. A pesar de haber visto muchas veces el nombre de su tocaya evangélica y el de la población donde vivía, escritos correctamente en aquel libro cuya traducción al castellano ella considera infalible, deletrea su domicilio como Behania y firma Martha.
* De libro del mismo autor “La herramienta más usada”.