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¡Nombres en evidencia!

La última derrota del Barcelona ante su archirrival, el Real Madrid, en la final de la Copa del Rey evidenció la decadencia de un equipo que luego de dominar el orbe futbolístico perdió la ambición y el hambre de nuevos títulos. Los medios exigen una renovación urgente de la plantilla.


El mejor Barça de la historia enterró pasado miércoles, en Mestalla, un ciclo triunfal de seis años y dieciséis títulos. Una decadencia que empezó ya hace dos temporadas y que puede explicarse a través de varios nombres propios.

16
  • fueron los títulos que ganó el Barcelona desde que Guardiola era el técnico.
2003
  • último año que el Barcelona encajaba tres derrotas consecutivas.

Leo Messi:

 

Es cierto que, desde que se lesionó el bíceps femoral, no volvió a ser el mismo y también que, a la vuelta de la esquina, hay un Mundial que nunca ganó. Pero lo que le pasa a Messi es mucho más sencillo que todo eso.

Ni está acabado ni juega mermado ni su cabeza está en Brasil. El mejor futbolista del planeta acaba por aburrirse entre tanta mediocridad. Pasado de disfrutar como un niño en el recreo, a tener que buscarse la vida en cada partido.

 

Antes era la estrella del mejor equipo de la historia. Ahora, jugar en este Barça es como hacerlo con la vulgar Argentina, pero, además, dos veces por semana. Es como si ahora le obligaran a ir cada día a la oficina.

Messi solo tiene 26 años. Así que, o el club se sienta con él, le renueva por enésima vez y le construye un nuevo equipo a su medida o debe venderlo.

Xavi Hernández:

 

Si el Barça sin Messi es medio Barça, sin Xavi ni siquiera es el Barça. El de Terrassa es el estilo, el ADN de este equipo. La decadencia del conjunto azulgrana se explica a través de Xavi, que cada vez tiene menos incidencia en el juego.

Por primera vez en tres años, asegura que juega sin dolor. Martino lo dosificó más que nunca, pero a Xavi lo único que le sigue yendo rápido es la cabeza. A sus 34 años, las piernas no le responden como antes.

Dani Alves:

 

Alves es el paradigma de lo que pasó a muchos jugadores de este equipo: empachados de títulos, emborrachados de gloria, convirtieron la ilusión por ganar en rutina y han seguido jugando a fútbol casi por inercia y se han olvidado de que para mantenerse en lo más alto deben seguir dedicándose a esta profesión en cuerpo y alma y poner los cinco sentidos en cada partido.

Entre selfies sin camiseta con amiguetes de vestuario, críticas a su propia afición por animar poco y comportamientos infantiles en habitaciones de hotel publicitadas en las redes sociales, Alves sigue siendo, en apariencia, futbolista.

Los dos goles del Madrid en la final empezaron con dos pérdidas suyas, y muchos de los tantos que encajó el Barça esta temporada llegaron después de que le ganaran su espalda, y sus errores de concentración en los partidos importantes causaron más de un disgusto a sus compañeros.

Cesc Fàbregas:

Cesc se empeñó en volver y el Barça en recuperarlo y, tres años después, cada vez parece más claro que ambos se equivocaron. El jugador tiene un talento descomunal para asociarse y definir en los últimos veinte metros, donde se decide todo. Pero su juego anárquico de ida y vuelta necesita espacios por los que aparecer para descoser la defensa rival.

El Tata se empeñó en meterlo, y una y otra vez fracasó en el intento hasta el punto de que, durante muchos partidos, tuvo que sacrificarlo para intentar arreglar más de un desaguisado.

Con Fàbregas en el campo, el Barça es sencillamente peor, porque para que encaje en el once hay que tocar todo lo que funciona: alejar a Iniesta del área de influencia para colocarlo a la izquierda, enviar a Neymar a su banda mala o sacar a Messi del centro del ataque, donde marca diferencias.

Carles Puyol:

El Barcelona era un equipo solvente atrás hasta que, hace tres temporadas, Puyol dejó de ser de goma. A partir de ahí, el capi pasó de jugarlo todo, a empezar a faltar cada vez más a clase.

Ahora que su rodilla dijo basta, el club no tiene más remedio que buscar un nuevo Puyol, mientras descubrió a otro Piqué en Bartra.

Pero más difícil que fichar un central de su nivel, será suplir el vacío de un jugador capaz de partirse la cara por el escudo en una final Champions o en la Copa ante un Segunda B.

Gerardo Martino:

Le metió cuatro al Rayo en Vallecas y en los días siguientes se le puso en la picota porque el Barça había perdido la posesión en aquel partido. A partir de ahí ya no entendió nada.

Llegó asegurando que entrenar al mejor equipo de la historia era un regalo, y nueve meses después se va hastiado. La historia del “Tata” en el Barça es la de un hombre devorado por el entorno del club y por la aureola de unos jugadores a los que decidió dirigir “desde la admiración” tras verlos por la tele ganar todo.


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923531
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América