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Nos están robando la paz

Y en la mayoría de los casos, los motivos que desatan estos comportamientos violentos, si se miran desapasionadamente, son nimios, insignificantes, ridículos.


El desafío entre los partidos políticos, dirigentes, voceros y los que mueven los intereses económicos para su beneficio personal son los grandes protagonistas cotidianos que promueven en la ciudadanía división y enemistad, situación que no se da entre los altos dirigentes de los partidos políticos –con algunas excepciones -, quienes con encuentros y abrazos llenos de cinismo parecen manejar al país con componendas antojadizas. ¿Quién se vende al mejor postor?

El amor propio de un país acostumbra a ser muy superior al de los individuos y la humillación del vencido siempre se puede entender desde un fondo martirial, que tarde o temprano puede hacer brotar desconcierto, enemistad y desprecio. ¿Será posible un perdón social?, ¿un verdadero perdón político?, Pero..., ¿quién perdonará primero al día siguiente de las elecciones?

Del mismo modo, la paz es imposible cuando se ataca con gestos, acciones, palabras y acusaciones crueles y falta de lealtad, y si uno echa una ojeada alrededor, se da cuenta de que la violencia a gran escala no es más que un reflejo terrible de las violencias de cada día a nivel microsocial; y los políticos, alimentando esa violencia que en nada favorece la búsqueda de esa paz que tanto anhelamos como panameños, y en la mayoría de los casos los motivos que desatan estos comportamientos violentos, si se miran desapasionadamente, son nimios, insignificantes, ridículos. Lo que pasa es que son como chispas que encienden el ambiente tenso y crispado a que nos aboca el ritmo trepidante y angustioso que nos lleva al día de las elecciones.

 

Y es aquí el motivo por el que muchos apuestan por ver y sentir esa agresividad que se transforma fácilmente en violencia en una contienda electorera. Sin violencia no hay existencia, no hay ventaja, no hay sazón.

Sé es violento con los que conviven bajo el mismo techo; en las calles estalla entre los conductores y los transeúntes, entre los viajeros que usan un mismo transporte público, entre los vecinos de la misma escalera. Aparece a menudo en la tienda, en el taller, en la oficina, en el despacho o en la escuela. Ciertamente la violencia casera no es equiparable a la violencia social, pero ambas son manifestaciones en coordenadas distintas de una violencia que surge de la agresividad del ser humano. La paz nos ha sido arrebatada conceptualmente - ¡y realmente! - por aquellos que han hecho buen uso de la violencia, y se ha convertido en un dinamismo con fines destructores en una espiral loca y ciega. Y no hay derecho a que se crea que solamente el mal es fuerte, puesto que el bien, la verdad, la honestidad también tienen fuerza, y no para enfrascarse en un pugilato estéril, sino para levantar con vigor una nueva nación llamada Panamá. Lo contrario de la violencia destructiva no es la pasividad inerte, sino la fuerza del sentimiento.

Señores dirigentes y voceros de los partidos políticos les recomiendo cualquier lectura sobre la vida de Mahatma Gandhi y también de la Madre Teresa de Calcutta: trabajo, humildad, oración y paz.

 

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357722
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América