Panamá empieza a ser –tras muchos esfuerzos- un país con perspectivas literarias, tanto en el área de producción -léase escritores- como en el de consumo -léase lectores. La tarea ha sido ingente, con escasos -cuando no nulos- recursos; pero al final los quijotes han triunfado, y aprovechando el escenario de la 6.ª Feria Internacional del Libro, se nos entrega una novedad nunca antes vista en el ambiente literario local.
Para esta versión, los escritores panameños presentan, como siempre, una variedad literaria en géneros diversos. Pero destaca por vez primera una novela erótica, Memorias de una Pulga, Tomo III. Su autor, Guillermo Ledezma Bradley, dice que es un despropósito, en el sentido de que nunca la escribió para que fuera publicada.
La obra es una aventura de conocimientos y sexo, un viaje real que realizó el científico Alejandro Malaspina a finales del siglo XVIII, y en el que Ledezma Bradley embarca a sus personajes, entre ellos una pulga que se convierte en biógrafa del sexo humano, mostrando una conducta ávida de conocimientos y admiración por nuestra especie.
Marisia MacDonalds von Haller y el reverendo Lawrence Epptown O’Higgins se enamoran y pretenden unirse una vez el clérigo cuelgue los hábitos, pero tras atractivas aventuras son víctimas de indescifrables giros del destino. Marisia conoce a Mboto Tsusunde, un esclavo africano, y tras inimaginables sucesos viajan a América en la expedición Malaspina, encontrándose con Alejandro von Humboldt e ilustres personajes de nuestra historia americana preindependentista.
Estas memorias no tienen el tono irreverente y pornográfico de sus dos predecesoras del siglo XVIII, escritas bajo el anonimato para estremecer las estructuras eclesiales y monárquicas de aquella época; pero no deja de ser una novela que rompe cánones literarios y ensaya un sugerente género que cautiva a través del sexo –descrito con un asombroso repertorio- manteniendo al lector en vilo con una rica imaginación y sin desperdiciar un sólo momento para entregarnos la rica herencia cultural del siglo de los enciclopedistas.
Seguramente, Ledezma Bradley no hubiera firmado la obra, si la hubiera escrito en 1778.