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Nueve de enero, tus banderas no han caído

Fue el momento del despertar de la nación, teníamos algo en común y, precisamente, algo que nadie quería, el enclave colonial.


Héctor Collado / PANAMA AMERICA

Quizás la única página de la historia que se deja iluminar con la propia luz generada desde su propia sangre, es esta, que cumplirá 50 eneros. No olvido que hace 25 hubo una edición aumentada de la infamia. Eventos que habría que mirar en contexto... Creo que se han alcanzado algunas cimas, y algunos propósitos han beneficiado a los que menos aportaron para ganar lo que sea que se ganó. Los mártires no dejan de seguir anónimos, la multitud participante en la llamada “gesta heroica” también sigue en su rol secundario y los protagonistas coyunturales merecen en realidad el reconocimiento de la historia merced del desconocimiento de aquel reparto general que nada dice, pero que cuando fue la hora de la pólvora y el fuego y las “balas para patos” estuvo ahí.

Eran los años en que todo era gris, el pensamiento, la actitud del ciudadano de “chiva” y el de a pie, y es por eso que los videos que se pueden ver en las redes sociales van con ese tinte de inocencia que además habla de la generosidad para el sacrificio de la gente de esa época épica.

La fecha fue el momento del despertar de la nación, teníamos algo en común y, precisamente, algo que nadie quería, el enclave colonial. A aquellos que nos tocó crecer en la década del setenta aquella fecha se nos encarnó en el corazón y allí permanece. Cuando lo que se llamó “lucha generacional” generó sus frutos, recibimos con regocijo y aprehensión lo alcanzado. Fueron 21 años de incertidumbre y una reversión a cuentagotas, que a veces pienso nos fue cobrada en 1989, con muchos intereses y muchos interesados. Solo fíjese quién se quedó con los restos del país que nos quedó.

Una miradita a las áreas revertidas basta.

Hoy, la imagen de los estudiantes cruzando la cerca de ciclón, la de aquel sujeto coronando el cielo con la bandera, las fotos grises de los heridos y los muertos, el coraje de un pueblo, con sus hombres y sus mujeres que envalentonó a un presidente que ejerció la dignidad y se atrevió a decir ¡basta! a los policías del mundo, para partir la historia de un país difícil, como es el nuestro, en un antes y un después de 1964.

Escucho con frecuencia que el panameño no tiene propósito; que la “religión que nos unió” va en diáspora; que los tiempos nos han convertido, por el afán politiquero, en un atajo de pelanduscas.

Creo que luego de 50 eneros, toca pensar en el país, proponer metas básicas, como atajar el enriquecimiento desmedido de quienes detentan el poder y atrevernos a enfrentar la pobreza extrema. Solo para comenzar.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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