La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es, además de una vitrina para las casas editoriales y los escritores, una suerte de recetario inmenso en el que a través de mesas redondas, debates y apariciones públicas de los participantes, el público se entera de nuevos trucos para escribir bien y fórmulas precisas para tocar el alma de los lectores.
Así, durante toda la semana que dura el evento, el idioma, el periodismo, la sátira, el drama, la historia y, por supuesto, los cambios y tendencias se desbordan de manera deliciosamente incontrolada dejando una estela de conocimientos y nuevas interrogantes sobre los modos y estilos de hacer literatura.
En las líneas que siguen resumimos una mínima parte de todo lo que se dijo durante el encuentro más trascendental de las letras hispanas.
Visión.Por ejemplo, el tema de las nuevas tecnologías de información y comunicación y su relación con la producción de libros mereció un espacio del debate. En ese sentido se llegó a la conclusión de que las editoriales hispanas no tendrán más remedio que "subirse al carro del eBook" y considerar el cambio "una oportunidad y no una amenaza". Por lo menos así lo considera el director de Ediciones Generales del Grupo Santillana, Fernando Estévez.
Actualmente, el mundo editorial se debate "entre la incertidumbre y la perplejidad" ante la perspectiva, reveló el experto uruguayo en el marco del Foro Internacional de Editores y Profesionales del Libro que celebró la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).
Con la experiencia positiva del mundo anglosajón -Amazon ya vende más libros electrónicos que en papel-, los editores han de plantearse retos como el aumento de la oferta, la interactividad del libro y el "geo-locking" (limitación en la compra electrónica al país desde donde se hace la adquisición).
Este último factor serviría, según Estévez, para la "protección de los mercados".
Otro de los dilemas es cómo frenar la piratería, planteó; según estudios sectoriales, las descargas ilegales de libros van en aumento y pueden representar un serio problema para el sector, al estilo de lo que sucedió con las industrias del cine y la música.
Posibilidad.Pero si existen amenazas, también el libro y la literatura como tal, ofrecen oportunidades. Por lo menos así lo considera el poeta leonés Juan Carlos Mestre, a cuyo juicio las palabras del poeta pueden convertirse en un acto de legítima defensa, de sublevación civil para confrontar a los bandoleros del poder.
Mestre, quien estuvo acompañado de otros cuatro paisanos y compañeros de andanzas literarias, puso rostro y voz a la literatura de Castilla y León y logró insuflar poética pasión guerrera en los corazones que le escuchaban.
"Creo radicalmente en la utilidad de la poesía porque creo en la utilidad de las palabras", declamó con aplomo en una charla -organizada para dar a conocer sobre todo la lírica actual de Castilla y León- el ganador del Premio Nacional de Poesía en 2009.
Para el autor, una sociedad empieza a corromperse cuando empiezan a hacerlo sus palabras, y por ello la labor del poeta es importante en el contraataque para frenar "el uso que ha hecho el poder de las palabras".
Su trabajo consiste también, precisó -aunque nadie se lo haya pedido, pero consciente de que dedicará a ello hasta su último aliento- en "repoblar espiritualmente el mundo".
A su lado, el narrador salmantino Luciano González Egido quiso ir por el mismo camino, pero con una meta más modesta: "tratar de luchar contra la indiferencia de la gente".
Primero, y fundamentalmente, ha de hacerse gozar al lector con la palabra; y después es posible que se produzca una acción por parte de quien lee. Sin embargo, los bajos niveles de lectura generales convierten la idea de que la poesía puede cambiar el mundo en una expresión demasiado optimista, reconoció.
"La literatura tiene que ver con la vocación de salvar lo que amamos, lo que nos parece importante", terció el novelista y poeta vallisoletano Gustavo Martín Garzo. Y hacer literatura es, inevitablemente, una transgresión, un acto de crítica.
Nuevas formas.El viejo, o para unos ya superado debate sobre la simbiosis entre periodismo y literatura, también tuvo su espacio en la capital del estado de Jalisco. La punta de la lanza la cargó el escritor y periodista español Juan José Millás, Premio Planeta 2007.
Millás piensa que para elaborar un buen reportaje, la primera obligación es hacer que este pueda leerse como un buen cuento. Esto lo sostuvo mientras enfrentaba el tradicional rito de reunirse con un auditorio de centenares de jóvenes que programa anualmente el certamen con algunos autores.
Las fronteras entre el periodismo y la literatura son borrosas, y en cualquier caso ambas disciplinas se valen de la misma materia prima y recursos de estilo, consideró.
Quizás el periodismo tiene unas normas muy determinadas, principalmente no inventar, algo que no tiene por qué ceñir a un escritor, pero el arte de los libros y el de los medios comparten el denominador común de ordenar y articular la información.
"El buen escritor de periódicos lo que construye son buenas representaciones de la realidad, pero para eso debe ser un buen escritor", explicó Millás, firma habitual del diario El País y colaborador de la cadena de radio SER.
Su frustración son las entrevistas en formato pregunta y respuesta, que nunca se le han dado bien, a pesar de que le gustaría; aunque la excepción, destacó, puede ser una reciente charla con el ex presidente español Felipe González, que obtuvo gran repercusión.
Con lo que más disfruta, porque "hay más relato", es con lo que llama "proyecto sombra", los reportajes en los que sigue sin despegarse a un personaje durante un tiempo. "Son muy subjetivos porque hago pasar las experiencias a través de mí", explicó como motivo de su goce.
Millás es autor de libros como "El mundo" (que le valió el Planeta), "Tonto, muerto, bastardo e invisible" y "El orden alfabético", entre otros. Su concepto de la literatura, dijo, es "artesanal".
"La literatura es precisión, y la belleza es un efecto secundario de la precisión", lanzó al auditorio.
Este rasgo, no obstante, está también presente en el periodismo, ya que un texto es bueno cuando funciona según con la intención que tiene en mente el que lo escribe. "Tiene que ser perfecto", apuntó.
Mándame verbos.Álex Grijelmo, ampliamente conocido por sus libros sobre técnicas y estilos periodísticos, entre otros, también aportó al debate.
“La salvación del periodismo impreso reside en la crónica de verbo audaz, dado que los lectores reciben antes las noticias por otros medios más inmediatos, consideró Grijelmo, quien participó junto a Juan Cruz y Élmer Mendoza en la conferencia magistral "Mándame verbos".
"Hoy en día todos conocemos las noticias a través del celular (móvil), de la radio, de la televisión, del teletexto... Cuando uno compra el periódico es muy difícil que se encuentre una noticia a la que no haya tenido acceso el día anterior o muchas horas antes", reflexionó.
En el marco de un debate sobre la importancia del verbo celebrado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) abogó por una crónica consagrada a "enmarcar, describir e interpretar, no necesariamente con juicios de valor", algo en lo que el verbo juega un papel determinante.
Acompañado en el diálogo por los escritores Élmer Mendoza y Juan Cruz, Grijelmo auguró que el periodismo en papel tenderá a incluir menos noticias y más crónicas y reportajes para sobrevivir en el siglo de la información inmediata.
Adjudicó ventaja al periodismo deportivo en este sentido, ya que, sabedor de que sus lectores disponen ya de los resultados cuando llegan a sus páginas, ha cultivado más este tipo de textos.
El corazón de esa crónica debe ser el verbo, por su capacidad para evocar acciones y dibujar el panorama por sí mismo; el periodista, no obstante, observa actualmente con cierto temor a los verbos por el valor adicional que confieren a sus palabras, "que constituye a menudo una interpretación", añadió.
Algunos verbos cargan el estigma que acompaña a otras palabras a las que acompañan habitualmente -como traficar e involucrar, asociados muchas veces a actividades de corte ilegal, cuando no tiene por qué ser así necesariamente.
Por su parte, el mexicano Élmer Mendoza -uno de los padres de la llamada "narcoliteratura" y pluma ágil de las letras mexicanas- abogó por derramar "pura acción" en los textos a través del verbo.
"Todos los verbos en infinitivo son auténticas armas de lucha", expresó el autor de "Balas de plata"; usados con precisión, haciéndolos "resplandecer", serían capaces de provocar un infarto al lector por muy tranquilo que este se haya dispuesto a pasar páginas.
Mendoza confesó que se sirve del verbo para aplicar ritmo a sus escritos, manufacturando una telaraña que atrape al lector para que sienta "que va a ir al infierno si cierra el libro" y colocarlo en el centro del impacto. "Hay que hacer narrativa móvil, dinámica, siempre apoyada en los verbos", predicó con vehemencia.
La voz de un Nobel.Esta selección de ideas que bullen en la Feria de Guadalajara no puede terminar sin dejar sentir la voz de un Nobel de Literatura. Jean-Marie Gustave Le Clézio (escritor francés y premio Nobel 2008), no está muy seguro de ser "un intelectual o un pensador", sino un novelista que ha nacido para relatar en sus libros lo que ocurre en el mundo sin necesidad de inventar.
"No es posible un mundo sin historias y sin historia. No puedo imaginar un mundo sin novelistas y sin cuentos", dijo Le Clézio.
Le Clézio viajó por primera vez a México en 1967 y ha residido varios años en este país, cuya cultura y tradiciones admira profundamente, desde la historia mexicana, "algo vivo" a diferencia de la de Europa, hasta la literatura, con un escritor como Juan Rulfo, "el mejor de la contemporaneidad".
"El papel del escritor no es inventar, sino relatar lo ocurrido. Escribir significa escuchar y soñar"; también "convertirse en una especie de caja de resonancia de cuanto sucede en el mundo", dijo Le Clézio en un español casi perfecto.