La programación hípica del pasado fin de semana tuvo un par de novedades. Una de ellas fue la puesta en práctica -en las carreras que lo permitieron- de las iniciativa de tener un mínimo de ocho apuestas y la otra fue la presentación de varios equinos “fuera de apuestas”.
Sobre la primera novedad, ya anotamos en una entrega anterior, que es una buena iniciativa, aunque su éxito dependerá de la cooperación de los dueños y entrenadores de caballos.
En lo concerniente a la presencia de los fuera de apuestas, es el resultado del imperio de la lógica sobre la necedad.
Después que dos o tres apostadores se percataron de que el hipódromo les estaba regalando dinero, comenzaron a realizar apuestas fuertes que oscilaron entre los B/ 5000 y B/ 25000 a las patas de ejemplares evidentemente superiores en sus respectivos grupos y con ello se hacían de B/ 500.00 y hasta B/ 2.500.00 de ganancia en menos de un minuto y medio, que es el promedio de duración de una carrera caballos.
El pasado fin de semana, el hipódromo no quiso correr ese riesgo, y por ello compitieron excluidos de las apuestas caballos raqueados como Drago y Garrison.
Ya sabemos que en otros lares no se estila poner caballos fuera de las apuestas, pero la diferencia está en los volúmenes y promedios de apuestas, que imposibilitan que con una jugada de 5000 dólares a un caballo, se altere la proporción de las gabelas y en consecuencia los dividendos. ¿O no?