El irresistible llamado de Boca Juniors aturde los tímpanos de los amantes del fútbol que en febrero dirigirá su mirada hacia el sur del continente americano para ser testigo principal de una nueva obsesión de este campeón de América empieza la defensa de su corona, en la Copa Libertadores.
Será en la segunda fase del torneo más prestigioso del continente cuando Boca acuda a la convocatoria que le hace la historia. Será un Boca remodelado no podría ser de otra manera después de los fracasos en el Mundial de Clubes en Japón y perder el título argentino. Vale aprende y enmendar errores pasados para que no se repitan.
La brújula de Boca la tendrá fuera del campo Carlos Ischia, su nuevo entrenador, mientras que en el verde césped será de Juan Román Riquelme, quien lleve la batuta.
Los botines del genio vuelven a alumbrar a La Bombonera, cuyos fieles aseguran que no vibra, late, porque tiene vida, porque son 48 mil aficionados que se unen en su solo corazón pujando, llorando, sufriendo y gozando por su equipo, como una sola persona, como dos amantes desbordando pasión, como la más devota demostración de amor.
No obstante, el camino de Boca hacia la gloria no será fácil, porque esos callejones están llenos de piedras y los demás también tienes deseos de triunfo, habrá que ver hasta donde llega la obsesión azul y oro.
River Plate como siempre se afila las garras y también estrenan técnico: Diego Pablo Simeone, quien ya le aguó un campeonato a Boca cuando éste dirigió a Estudiantes de La Plata.
Los sueños millonarios de River Plate están puesta en este personaje, que según se dijo, también sonó para llevar las riendas de este nuevo Boca obsesionado.
Para consumar su conquista River incorporó al delantero uruguayo Sebastián Abreu y mantuvo al jugador más regular de la pasada campaña, el colombiano Radamel Falcao García.
Y mientras el verano se posa en Argentina, las plateas en los estadios piden fútbol, lo claman a gritos, porque necesitan la garra, la entrega. Piden que llegue el fútbol.