Los hombres que dirigen al fútbol de Oceanía estuvieron comprensiblemente furiosos después que la FIFA los privó de entrar directamente a la Copa del Mundo.
Pero la FIFA, que fue arrinconada para tomar la decisión, no tuvo otra opción que volver al "status quo" que dejó a Australia y Nueva Zelanda, tanto como a sus vecinos en las islas del Pacífico que reune la Confederación de Oceanía, al margen del juego.
Oceanía tendrá que luchar nuevamente en la clasificación por un lugar en el mundial. La gran influencia política y deportiva de Sudamérica le permitió ahora recuperar a ésta la media plaza que perdió y la posibilidad de tener, por lo menos, a cuatro representantes en la justa mundial.
Si la FIFA hubiera mantenido la decisión que tomó en diciembre su comité ejecutivo de darle a Oceanía una plaza directa al Mundial Alemania 2006 se arriesgaba a sufrir una ruptura con los sudamericanos y simplemente no pudo permitir que eso ocurriera.
En diciembre, Joseph Blatter, el presidente de la FIFA, le dio la bienvenida a Oceanía diciendo: "Nosotros hemos corregido una gran injusticia. Está bien y es justo que Oceanía tenga una plaza directa".
Pero siete meses es mucho tiempo en la política del fútbol y el sábado en París la promesa a Oceanía quedó hecha trisas. La FIFA decidió dos cuestiones en París. La primera fue que la Copa del Mundo se mantendrá con 32 equipos y ese número no será aumentado a 36. La segunda fue el caso Sudamérica-Oceanía.
"Uno gana algo, uno pierde algo", dijo disculpándose el suizo Blatter. "Yo respeto la democracia de la FIFA". El delegado de Oceanía Basil Scarsella salió atormentado de la reunión.