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¡OCTAGAB!

Si mueres en el desierto no vas al cielo sino al mar” Gabo De niño, los episodios que más me gustaron fueron los del


Si mueres en el desierto no vas al cielo sino al mar” Gabo

De niño, los episodios que más me gustaron fueron los del Capitán Maravilla. ¡Magia y aventuras! ¿Qué más puede pedir un pelao de ocho años? Billy Spafoom, era un chico tímido y apocado que adquiría poderes sobrenaturales al pronunciar la palabra Shazam, un acrónimo de: S, la sabiduría de Salomon, H, la fuerza de Hércules; A, la resistencia de Atlas; Z, el poder de Zeus; A, el valor de Aquiles y M, la velocidad de Mercurio. ¿Se imaginan todos esos poderes y virtudes en un solo hombre? Es como para elegirlo presidente vitalicio, aunque la Constitución se oponga.

Shazam fue mi palabra mágica en los tiempos que vivíamos en una Pensión frente al Instituto Nacional. Tití Clement (más conocido como “El Pibe”) y yo nos quebramos varias veces las cabezas por estar saltando de grandes alturas tras exclamar “¡Shazam!”. Muchos libros (y muchas películas) pasaron bajo el puente de mi entendimiento. Hoy, en vez de aquella palabrita mágica, quisiera que al exclamar “¡Octagab!” invadieran mi cerebro las potentes imaginaciones e inteligencias de Octavio Paz y de Gabo. Aquí, a solas en mi estudio, lo intento: “¡Octagab! ¡Octagab!”. Pero no sucede nada. Solo mi usado y polvoriento cerebro y mi birrioso corazón latiendo con terquedad. ¿Qué hago entonces? Me queda reabrir los libros de estos seres (que ya son míticos para mí) y repasar los subrayados que tanta felicidad me dan. Como no soy tan egoísta, compartiré algunos con ustedes. Octavio Paz deambula por el tiempo, utilizándolo, describiéndolo, fundiéndolo: “el minuto arrugado de una espera, / todo lo que la vida no consume, / los restos del festín de la impaciencia.” ¿Por qué no me sale algo así? “este largo día con su cargamento de seres y de cosas, encalla lentamente en el tiempo parado.” ¡Vaya la peste! Y por ahí, Gabo me relata las peripecias de un ángel que cayó en la cocina de Pelayo, y “las gallinas lo picoteaban en busca de parásitos estelares en las alas”. El viejo ángel equivocaba los milagros “como el del ciego que no recobró la vista, pero le salieron tres dientes nuevos”. ¿De qué pueden acusar a Gabo, si el habla es de “Un señor muy viejo con unas alas enormes”.

Y pensar que estaré muy cerca de esa gente en la Feria del Libro.


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940908
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América