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Octavo pana con los Bravos


Una vez haga su debut oficial en las mayores, el colonense Manuel Acosta se convertirá en el panameño número 49 que juega en Grandes Ligas y el octavo que viste la camisa de los Bravos de Atlanta.
Después de que Humberto Valentino Robinson (también de Colón) rompiera el hielo el 20 de mayo de 1955, convirtiéndose en el primer istmeño en jugar en ese nivel, otros 47 le ha seguido el camino, y sólo es cuestión de esperar que Acosta también se les una.
Panamá es la provincia que más peloteros ha aportado a las Grandes Ligas con 21. Luego le siguen Colón con 12 (incluyendo a Acosta); Bocas del Toro y Chiriquí con 5, cada uno.
Seguidamente aparecen Coclé con 3, Herrera con 2 y Los Santos con 1.
De los 49 criollos que han sido llamados para jugar en las mayores, 19 (entre ellos Acosta) se han desempeñado como lanzadores, 14 son jardineros, 12 cuadro interior y 4 receptores.
El jugador de cuadro interior Gil Gonzalo Garrido fue el primer pana en jugar con los Bravos de Atlanta en 1968. Luego vinieron Iván Murrell (1974), Mike Eden (1976), Omar Moreno (1986), Juan Berenguer (1991), Roberto Kelly (1994) y Bruce Chen (1998). Ahora le toca a Manny Acosta.
Manuel Alcides Acosta nació en Portobelo, Colón, el 1 de mayo de 1981. Mide 6’4’’ pies y pesa 170 libras. Lanza y batea a la derecha.
El hermano de Manuel, Alberto Acosta, también jugó pelota profesional con los Yanquis de Nueva York.
Acosta lucirá el número 46.
El programa funciona con la cooperación de las autoridades locales y tradicionales, lo que nos ayuda también a ser muy eficientes. Se partió de un censo familiar en el cual están registradas individualmente no solo todas las familias, sino todos los miembros de esas familias, con información demográfica sobre niveles de escolaridad situación de salud, condiciones de la vivienda, patrones alimenticios, disposición de los deshechos, propiedad de la tierra, de manera que ese censo que se hizo con voluntarios de esas comunidades no deja a casi nadie por fuera. Toma en cuenta a las autoridades locales, los representantes de corregimientos que son un recurso valiosísimo en nuestro país. Así que para ellos es importante colaborar con un programa como este, que no ha tomado en consideraciones ningún tipo de elemento político. Esto le ha dado al programa, primero, mucha credibilidad; nunca hemos dejado de cumplir con la entrega de los bonos en las fechas señaladas, así sean lugares donde haya que caminar horas y horas para llegar.
SENAPAN opera en cinco distritos: Santa Fe, (único distrito campesino) Mironó, Nole Duima, Besikó y Ñurum, todos en la Comarca Gnöbe En total se atienden 29 corregimientos en cinco distritos. El contacto personal de la Secretaría con la comunidad al entregar a cada participante el bono permite saber quién dio a luz, quien está enfermo, quien murió, quien tiene una emergencia. Rara es la ocasión en que en una de estas giras no se baja con una persona que la picó una culebra, o con un niño que está enfermo etc. El programa lleva la presencia gubernamental a esos lugares a donde no llega nadie.
En el último año y medio, cada dos meses, se han entregado por familia 70 balboas en bonos. El bono tiene que consumirse en su totalidad. No se puede consumir 3.50 y que te devuelvan 1.50. No hay involucrado dinero en efectivo en todo el proceso. Hay gente que dice que el dinero en efectivo hace falta, yo creo que sí. En las áreas urbanas el dinero en efectivo cumple una función evidente e insustituible, pero en esas áreas de pobreza extrema, lo fundamental es comer.
Realizar un inventario de todos los programas que aparecían financiados con fondos gubernamentales, tanto en instituciones oficiales como en organismo no gubernamentales. En el año 2004 el gobierno encontró un desorden rayano en el caos en la mayor parte de los programas sociales. En el tema de la desnutrición, entre el año 1997 y el 2003 en Panamá la cifra de desnutrición crónica en menores de cinco años, pasó del 14.6 por ciento al 20.8 por ciento. En las comarcas esa cifra andaba por el 56.6 por ciento, en el caso de los niños menores de cinco años.
Te puedo decir que el programa de Bonos para la Compra de Alimentos se ha manejado con absoluta transparencia, y con un esfuerzo conciente de mantenerlo alejado de esos vicios. En primer lugar porque en los corregimientos donde hemos entrado que son de extrema pobreza y donde esta incluido del 90 al 98 por ciento de la población, así que difícilmente se ha excluido a nadie por razones políticas, en corregimientos en los cuales el representante de corregimiento no es necesariamente miembro ni del PRD ni del PP. Y en cuanto a que sea una cosa paternalista, las condiciones para permanecer en el programa lo alejan de ese calificativo. 1. Hay que cumplir y probar a través de una tarjeta, que los niños están en la escuela; 2. que se acudió al centro de salud, que se tienen las vacunas al día, los Papanicolau al día, los controles de embarazo al día, y que se está participando en una capacitación para la producción. Normalmente el programa asistencialista reparte cosas pero no compromete la voluntad del que recibe para ser el actor principal en su propio desarrollo como persona. Me imagino que como toda obra humana habrá cosas por ahí que se pueden mejorar. Pero los controles son muchos e implican a muchos actores.
Lo más importante de todos esos programas no es la transferencia monetaria ni el bono, lo más importante y a donde los críticos no han hecho señalamientos, porque son unos profundos desconocedores de nuestra realidad, es que las instituciones que tienen que asegurar que se cumplan con esos condicionamientos estén funcionando, porque no podemos exigir que los niños tengan las vacunas al día si el puesto de salud no tiene vacunas, ni que una mujer se haga el Papanicolau si no hay los reactivos para hacerlo, o que un niño permanezca en la escuela si no hay maestros; o que recibas una capacitación del MIDA si el MIDA no tiene la agencia funcionando con la gente adecuada.
Esa preocupación es una realidad, pero más grave que eso es saber cómo uno va pasando de estos programas, que son de una urgencia brutal, a otros programas que hagan que estas comunidades tengan una actividad económica y productiva, que no haga necesario este tipo de apoyo directo. Que el apoyo venga de otra manera: que la escuela esté mejor, que haya carretera, agua potable, que la gente encuentre de alguna manera su propio modo de alimentarse y sostenerse. Esa es una preocupación para mi mayor que la relativa a qué pasará después.
Creo que sí, y creo que es evidente que se han hecho avances, y sobre todo en reducir los niveles de pobreza. Pero si hablamos de pobreza extrema, estamos hablando de una cosa más complicada. Es ese 16 o 18 por ciento de la población que de verdad vive en la miseria, y aunque se han hecho intentos que son importantes, creo que todavía necesitan de una atención mucho más integral y más profunda. Creo que en la reducción de los números totales de la pobreza, la próxima encuesta de niveles de vida nos va a mostrar avances. El propio desarrollo económico en las áreas urbanas, en algunas áreas donde se han producido inversiones en áreas como la construcción, el comercio y turismo, se han generado fuentes de empleo que antes no estaban allí. Por ejemplo, a partir de Capira, hasta más allá de Antón, hay mucha gente que se ha ido incorporando a la fuerza laboral, en la construcción y en los servicios, pero si vamos a de Quebrada del Loro, a de Hato Yulí, o a Guayabito, otra es la realidad.
Creo que se han obtenido ciertas cosas durante mi estadía en esa Secretaría, y creo que han quedado cosas por hacer que ya no dependen de mí y que en definitiva, quizás otra persona pueda tener más suerte que yo. Entre los temas que se quedan pendientes está darle a la Secretaria una institucionalidad, mediante una ley que garantice su existencia más allá de este periodo. Eso es fundamental. Para que el tema de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición siga siendo una política de Estado y no simplemente una moda pasajera en un gobierno particular. Hay que hacer cambios a la ley del programa del Vaso de Leche, que es ineficiente, costoso y tiene que reformularse de manera tal que los programas que se ofrecen en las áreas urbanas estén focalizados y se implementen con base en evaluaciones nutricionales.
Uno nunca está totalmente de acuerdo con todo lo que se hace ni en el gobierno, ni en la actividad privada, y por eso los seres humanos tenemos la capacidad de hacer una evaluación crítica, que significa tomar en cuenta las cosas buenas y las cosas malas en las que participamos o de las que formamos parte. Este gobierno ha hecho muchísimas cosas buenas, creo que hay otras en las que no ha conseguido atender problemas de una manera integral, sobre todo en el área social. El combate a la pobreza no se resuelve con parches. Falta profundidad en el análisis y comprensión de la complejidad de los problemas, pero sobre todo voluntad. En mi caso, dejo un puesto, pero no mi compromiso con este gobierno. En este país hay pocas personas que entienden que una renuncia no es otra cosa que dejar una posición voluntariamente. Renunciar es un verbo que pocos pueden o saben conjugar.
Entre el candidato y el presidente hay diferencias obvias- y eso le ocurre a todos los que han estado en esa situación, y surge de la brecha entre lo que quería y lo que en realidad puede hacer. El Presidente mantiene el deseo hacer las cosas bien; a veces lo he sentido agobiado por la cantidad de problemas que recibió, por la incapacidad de una burocracia ineficiente, lenta, pero creo que es un hombre lleno de buenas intenciones y de compromiso con el país. Yo lo he visto -en situaciones en que no he visto a otros presidentes y hombres poderosos de este país- conmovido ante la pobreza, ante la miseria. Conmovido casi hasta las lágrimas. De ese buen corazón y esas buenas intenciones no tengo la menor duda. Al retirarme de la Secretaría le he expresado mi compromiso por el éxito de su gestión y mi disposición a ayudarlo en lo que él necesite de mí. El no duda de eso.
De lo que tampoco queda duda es del agradecimiento que siente para con el equipo que la acompañó. Ahora vuelve a su ámbito histórico, a las organizaciones femeninas de las cuales provino.
Un documental titulado Para que todos comamos , proyecta las imágenes casi legendarias de las filas interminables de indígenas Gnöbe Buglé, bajo la lluvia y por caminos de tierra que parten en dos la montaña verde, para dirigirse a los puestos donde se les distribuyen los bonos o se reunen con los funcionarios del programa. Entre ellos Isidro Mariano, un representante de corregimiento de oposición, afirma que se ha coordinado con todos. Para el 2007 el plan incluye llegar a unos ocho mil 500 residentes de esas localidades. Una maestra afirma que la asistencia de los niños a clases este año se cumplió en un 99 por ciento. Una y otra imagen recuerda el drama de esos grupos donde 9 de cada 10 personas viven bajo el nivel de la pobreza, pero también expone el esfuerzo oficial que representa el programa. Detrás la montaña, los indígenas y como un telón de fondo, la voz grave y casi maternal de Mercedes Sosa cuando canta: Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón.


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290025
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América