En mi país, los ríos se mueren de sed y la lluvia no quiere regresar. Los puentes se alejan de las orillas con el vértigo del trazo de rencor que deja la indiada en rebeldía?
En mi país, las esquinas se han vuelto peligrosa ruta de delincuentes de bolsillo, asaltapobres? peor ocurre con los ministerios, los oscuros ministros de cuello blanco y corbatas aulladoras acaban con los suministros de la población que no se entera, que se trastorna desde la fila de una nueva cafetería. Agoniza el país, madre abusada, entre los coitos interruptus de la corte suprema, el egoísta orgasmo legislativo de una banda de Alí babosos, otro combo de prevaricadores y otra pandilla de fornicarios de sus progenitoras, para no decir malas palabras. No hay camino de ida ni de vuelta, solo el muro inexpugnable de la desidia. Y lo que se llama juventud solo mira por la ventanita del y se preocupa por que le rinda la data y no le falte el inefable wasap ni el multitudinario "caralibro".
En la calle, la calle es una encrucijada ciega donde los gases asfixian la voz de los pocos que se aventuran a labrar parcelas esperanzadas y rezan porque de algo sirve orar en el mar. En mi país hubo un teléfono que lo oyó todo y a martillo y yunque aplastó todo y holló y huyó como sordo y se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere ver, ni peor vidente que el que no da testimonio de los milagros porque tendría que denunciar al santo.
Como alma en pena, avergonzando hasta a la madre que lo parió, los que se llevaron hasta el último George con todos sus Benjamines vacacionan en sus casas porque el delito lo cometieron del lado de la legalidad y una hidroeléctrica de oficiosos abogados se abanican con los códigos y se limpian el "culeco" con la Constitución. No es justo lo saben, pero es legal, alegan. Mucha dignidad con la marea roja, poca tolerancia con aquellos que sucumbieron a los deslumbrantes resplandores de Mammón.
Pensar, sentir, decir esto es tan doloroso, paisano? Me arranco la costra con la costra y vuelvo a sangrar con la misma sangre y por el mismo tajo.
Merecemos morir de sed? pero aún espero por una lluvia de esas, de diluvio dilucidante, tabula rasa, que se lleve tanta miasma.