Tal día como el lunes pasado, ocho de agosto, en el año del señor de 1645, fallecía Don Francisco de Quevedo y Villegas. El más grande poeta que vieran los siglos en España. Cínico, resabiado y profundamente lúcido, nos ofrece a través de los siglos versos que aún hoy tienen vigencia. Pues ese titán, el señor Quevedo, dijo que “nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”.
Quizás les haya extrañado que, últimamente, los aullidos andan como de puntillitas por los temas de actualidad. Y sí, lo reconozco, estoy haciendo un ejercicio de contención. Le estoy dando al nuevo gobierno un periodo de gracia de cien días. Para que luego no digan. Una vez dicho esto, también tengo que decir que hay cosas que me superan. Una de ellas es la ingenuidad, pero no el candor real o la falta de malicia, sino aquella que roza en la estupidez. Y los votantes de éste país sufren de ésta segunda. Me escarapelo cada vez que me llegan los primeros comentarios sobre el nuevo gobierno. Ya he leído a varias personas, que se vanagloriaban de haber votado Varela, dándose golpes de pecho por la incidencia que la religión está teniendo en los asuntos mundanos estatales. Y yo alucino y no sé si reírme o llorar. ¿¡Pero qué esperaban!? ¿En serio? ¿No me están tomando el pelo? ¡Señores, un poquito de por favor! ¿Aún dudaban de que lo de 'El pueblo primero' en realidad era: 'El pueblo de mi Dios (empezando por mis primos) primero'?
Tenemos las redes sociales alborotadas porque la respuesta de las altas esferas acerca de la necesidad imperiosa de la educación sexual en las escuelas es: 'abstinencia'. Y yo me revuelco por el suelo de la risa. ¿Están ustedes de coña? ¿En serio esperaban otra cosa? ¿Esperaban que un gobierno que inicia su recorrido repartiendo rosarios, comprados con cargo a las arcas del Estado, vaya a promover otra cosa? ¿En serio creían que un gobierno que una de las primeras noticias que genera es que la Iglesia va a ayudar a la Autoridad de Turismo a vigilar que los Carnavales sean 'apropiados' iba a actuar de otro modo?
Nadie promete más que aquel que sabe que no va a cumplir. Y miren lo mucho que prometió Varela, y aun así, en esto, en el tema de la religión, no prometió más que lo que pensaba cumplir. Prometió exactamente lo que vamos a tener: a Dios, (Su dios. El suyo) metido en los Carnavales, en las escuelas y hasta en la sopa.
Nunca prometió la separación de Iglesia y Estado. Ni prometió actuar realmente contra las causas del problema de los embarazos adolescentes. Eso hay que reconocérselo.
Prometió muchas cosas que ni siquiera se le pasa por la cabeza cumplir. Todos los políticos prometen y prometen hasta que la meten, (los votantes la papeleta en la urna, ¡mal pensados!) y una vez metida, nada de lo prometido. Es mucho mejor fijarse en qué es de lo que no se habla en la campaña.
Pero ahora ya es tarde para los golpes de pecho. Con la religión nos hemos topado por cinco años, y la han traído los votantes a nuestro camino. Así que dejémonos de ojos desorbitados y caras de asombro. Aguantemos callados. Esto es lo que quiso la mayoría. Esto es lo que va a haber.
Lo único que espero es que, junto con la abstinencia, los rosarios, y la mirada suspicaz y omnisciente de la Iglesia sobre los que carnavalean, no vaya a ocurrírseles volver a poner de moda la hoguera. Ahí sí me fregué.
*(Antropóloga, actriz y escritora)