Los siete millones de griegos que están dispersos alrededor del mundo nunca habían estado tan unidos e hizo falta el espíritu deportivo de los Juegos Olímpicos para agruparlos.
Miles de ellos salieron a las calles a celebrar cuando Grecia ganó sorpresivamente la Eurocopa de fútbol 2004 en julio.
Al igual que los judíos y los irlandeses, la influencia de los griegos se extiende más allá de sus fronteras, por todo el mundo.