Harmodio Arias negoció cambios en la Convención del Canal en un ambiente amigable. El mismo Roosevelt envió las señales de que estaba dispuesto a considerar cambios en las relaciones entre ambos países. La inteligencia de Harmodio Arias consistió en saber aprovechar la disposición de Roosevelt para sacar el máximo provecho para Panamá, poniendo el énfasis en el plano político.
Por lo contrario, Roberto F. Chiari actuó en un ambiente hostil. La opinión pública se hacía más crítica con respecto a las acciones de gobierno que tenían que ver con valores nacionalistas. Su predecesor inmediato, el Presidente Ernesto de la Guardia Navarro, enfrentó más de una docena de eventos de oposición armada, a veces vinculados con Cuba. Adicionalmente, su contraparte norteamericana, el Presidente John F. Kennedy, demostró que se oponía a cambios favorables a Panamá, posiblemente debido a su victoria tan estrecha en las elecciones y a su preocupación con el gobierno de Fidel Castro, que lo llevó en abril de 1961 a fracasar en su invasión de Cuba por Bahía de Cochinos.
Con el acuerdo de Chiari la Asamblea le devolvió al Dr. Arnulfo Arias sus derechos políticos, de los que lo había privado por intentar derogar en 1951 la Constitución de 1946 para restablecer la de 1941. Esta devolución probablemente facilitó la alianza del sector del Partido Liberal que seguía a Chiari y de algunos partidos que postularon a Robles en 1964 y participaron en su gobierno de 1964 a 1968, con Arnulfo Arias en apoyo a su cuarta candidatura presidencial en las elecciones de 1968.
El 9 de enero de 1964 cuando ya había comenzado el proceso electoral de ese año se produjo una grave choque entre estudiantes panameños del Instituto Nacional y estudiantes norteamericanos de la Escuela Secundaria de Balboa, porque los últimos violaron la decisión del Presidente Kennedy consistente en permitir que se izara la bandera panameña en todo sitio civil de la Zona en donde se desplegaba la bandera norteamericana.
Chiari no logró cambios políticos específicos en la Convención de 1903 porque su propósito no era revisionista, sino subrogacionista. El historiador Omar Jaén Suárez afirma:
La renegociación de los Tratados no estaba pactada en los documentos que firmaron en el 64, para resolver el problema del rompimiento de relaciones entre Panamá y los Estados Unidos. El texto que firmaron la OEA y los representantes de ambos países, no incluye específicamente el principio de subrogación que Chiari había exigido de los norteamericanos para volver a establecer las relaciones diplomáticas (Omar Jaén Suárez, Las Negociaciones sobre el Canal de Panamá 1964-1970, p.150). Las partes restablecían sus relaciones "para procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto relativas al Canal de Panamá y para tratar de resolver otros problemas entre ellos, sin limitaciones o precondiciones de ninguna especie" (Ibíd.)
Chiari declaró que, a su juicio, los Estados Unidos se habían comprometido a la subrogación, pero el Presidente Jonhson se sintió obligado a declarar lo contrario. El resultado, de acuerdo con una conversación telefónica del Cónsul norteamericano en Panamá, fue que "la confusión es total" (Ibíd., p.151, nota 362).
Diría a favor de la interpretación de Chiari que el comunicado no hizo explícitamente referencia a la subrogación que planteaba Chiari, pero no contenía nada en el texto que la excluyera y por ello, Panamá hubiera podido plantearla basándose en el comunicado sin que los Estados Unidos hubieran podido excluirla de la discusión.
En ese sentido hay que admitir que Roberto F. Chiari dejó las negociaciones con las puertas abiertas al nuevo enfoque panameño de fondo. Chiari no obtuvo ninguna concesión vía la modificación del texto de la Convención de 1903. A diferencia de las negociaciones anteriores, él no presupuso que ésta sería otra revisión sobre algunos aspectos, sino que apuntaba hacia la necesidad de una nueva visión desde los principios, es decir una subrogación. A Chiari se debe, por otra parte, que la tarea de negociar se hubiera hecho tanto más difícil de allí en adelante, ya que bajo su liderazgo se dio el paso fundamental en el cambio de enfoque panameño sobre el Canal y sobre las relaciones con los Estados Unidos, quienes por lo tanto habían recibido preaviso formal de dicho cambio de enfoque. Este paso era imprescindible para que las negociaciones no terminaran en un nuevo malentendido que frustrara otra vez a Panamá, por haber partido de un desconocimiento de la profundidad de su propio reclamo panameño y frustrara también a los Estados Unidos haciéndole creer que habían resuelto el problema con Panamá, que en realidad no había resuelto al no ir al fondo del mismo.
Por su parte, el Presidente electo, Arnulfo Arias, no tuvo escrúpulo en ordenar que se alteraran algunos resultados de las elecciones legislativas y municipales, tanto en los partidos oficialistas como en los partidos que lo apoyaron como candidato presidencial de oposición, para lograr así una Asamblea y Consejos Municipales completamente sumisos. Tampoco tuvo escrúpulo en faltar a la palabra que había empeñado, en el sentido de respetar el escalafón militar cuando el General Vallarino se retirara a muy corto plazo, a cambio de que se le reconociera su triunfo electoral. Si el régimen militar no hubiera repetido y en muchos casos empeorado, las características antes mencionadas de los políticos tradicionales, hubiera podido intentar una explicación de su razón de ser, de la cual siempre careció y aún carece. Se presentó primero como régimen de "restauración" que en 6 a 12 meses restablecería la democracia verdadera a través de elecciones ejemplares. Por eso nombró a personalidades que inspiraron confianza en el Tribunal Electoral: Samuel Lewis Arango como Presidente, Manuel Quiróz y Quiróz. y Fernando Manfredo como miembros.
También nombró una comisión, encabezada por el Dr. Ricardo J. Alfaro cuyo prestigio nacional e internacional como jurista y como hombre íntegro era de primer orden, para redactar un nuevo Código Electoral; junto con él se nombraron a esa comisión, figuras jurídicas y morales de positiva reputación, como: Don Eduardo Morgan Álvarez y Don Woodrow de Castro. Desde finales de 1969 y en la primera mitad de 1970 el régimen militar comenzó a sugerir primero y luego a decir abiertamente que su obra no sería una "restauración", como había anunciado anteriormente, sino una "revolución" y por ello el tema de las elecciones se posponía sin otra precisión sobre el mismo. El engaño al país fue total.