Perfil
- Nombre: Otilia Saldaña. Nació en David, Chiriquí
- Edad: 44 años
- Vive con su esposo y dos hijos en Trieste, Italia. Conoció a su esposo el mismo día que llegó a Italia, en una reunión de amigos, a la que fue invitada por su hermana y su cuñado.
- Tiene 18 años de residir en Italia.
Ansiosa por conocer y ver partir hacia Panamá las gigantescas estructuras que abrirán paso a enormes embarcaciones por el Canal, llegué a Italia para registrar este acontecimiento.
Para mi sorpresa, no solo conocimos el proceso de construcción de las compuertas, sus dimensiones, y fuimos testigos del inicio de su viaje hacia Panamá, también conocimos a una entusiasta panameña que, así como el Canal sirve de puente al comercio mundial, ella a través de la pintura abre paso a la cultura e idiosincracia panameña, en Tieste, capital de la provincia del mismo nombre, en la región de Friuli-Venezia Giulia de Italia.

El encuentro
Asombrados por todo lo que implicaba trasladar la cuarta compuerta al buque Sunrise, embarcación que transporta las compuertas desde Italia hacia Panamá, contemplábamos la maniobra junto a trabajadores y usuarios del puerto de Trieste, cuando repentinamente fuimos interrumpidos por una joven mujer que se nos acercó a saludarnos, mientras esbozaba una enorme sonrisa.

Nos miramos algo extrañados por su actitud, pues hasta ese momento no habíamos presenciado tanta emotividad en ningún triestino. ¡Hola!, decía la mujer mientras se acercaba a nosotros con dos preciosos niños y un hombre que por sus rasgos nos dimos cuenta de que era italiano.
“Soy Otilia Saldaña” y este es mi esposo e hijos, soy panameña y vine a ver las compuertas, estoy muy orgullosa; esto es histórico, decía sin borrar la sonrisa de sus labios. ¿Ustedes son panameños?, preguntó.
A lo que contestamos afirmativamente, pero todavía aturdidos por la sorpresa de encontrar tanta efusividad, energía y carisma en una región donde observábamos que la mayoría de las personas se conducían con mesura, sosiego y reserva.
“Qué rico es hablar español, estoy feliz de encontrarlos, llevo 18 años de vivir en Italia y no les puedo explicar la alegría que siento cuando veo a un panameño”. ¿Ustedes son periodistas, verdad?, preguntó Otilia, quien parecía la comunicadora, porque nosotros solo contestábamos a sus preguntas, aún aturdidos por la sorpresa, sobre todo cuando dijo: “Mi esposo, Enrico Samer, es dueño de todo esto, su empresa tiene la concesión de este puerto y es cónsul de Trieste”.
Otilia nos contó cómo había estado al tanto de la llegada del buque Sunrise, el traslado de las compuertas, y de cómo fue necesario dragar cierta área del puerto para que el buque pudiera anclarse.
“Estoy enterada de todo y le he dado seguimiento, porque me parece que es un hecho realmente significativo, estas compuertas, luego de colocadas, no se verán más así como las estamos viendo, porque el agua las cubrirá”, acotó.
Mientras Otilia conversaba con una alegría y asombrosa fluidez, su esposo platicaba con algunos ingenieros de Grupos Unidos por el Canal, quienes minutos antes nos habían explicado la operación de traslado de las compuertas de una embarcación a otra, y los niños caminaban y corrían por los alrededores.
El encuentro fue tan emotivo, tanto para Otilia como para nosotros, que el gerente de comunicaciones se puso de acuerdo con Otilia para que compartiéramos una cena el día siguiente. Me pareció tan interesante la vida de Otilia, que me acerqué a ella y le expresé mi interés por conversar con ella para que me contara más sobre cómo llegó a Italia y cómo ha sido su vida en un país tan lejano de su tierra y con una cultura completamente diferente. Convenimos conversar durante la cena.
En la cena
Llegó la hora fijada y Otilia, su hermana, esposo y cuñada nos guiaron hasta Antica Trattoria Suban, un acogedor restaurante de la localidad, que ofrece exquisitos platos de la región, donde ya tenían las reservaciones hechas y el amplio menú seleccionado, caracterizado por exquisitos platos típicos de la región.
Con la amabilidad, encanto y alegría, cualidades evidentes en Otilia, se trasladaba de un lado a otro de la mesa para explicarnos en qué consistía cada uno de los platos que degustábamos, hasta que en cierto momento trasladó su silla de al lado de su esposo hacia el otro extremo donde estábamos tres periodistas, todas mujeres, conversando amenamente como lo sabemos hacer las panameñas, con risas incluidas y todo, en evidente debilidad por las carismáticas pláticas propias de nuestra cultura.
Conversamos por un rato todas y luego Otilia y yo nos apartamos para llevar a cabo lo convenido.
Sus raíces
La panameña, que es oriunda de David, me contó que llegó a Italia a visitar a su hermana que residía en este país y, aunque no estaba en sus planes, floreció en ella un talento que no había explotado y se convirtió en una pintora que plasma en sus obras la cultura de su país natal.
“Creo que todo es posible, solo hay que creer en Dios y en uno mismo”, afirmó Saldaña con una enorme sonrisa en el rostro, mientras cenábamos en un pequeño restaurante en Trieste, una ciudad situada en el norte de Italia, a orillas del mar Adriático.
“Yo vengo de una familia conformada por cinco hermanos y mi madre, prácticamente sin padre, porque de esta persona solo conozco el nombre, ya que se fue de casa cuando yo era muy pequeña. Mi mamá nos crio sola, trabajó en la Policía como cocinera y en una escuela en David, también como cocinera.
Desde los 10 años, Otilia cuidaba niños más pequeños y recibía remuneración, con lo que de alguna forma contribuía para el hogar. “No me avergüenzo de mi pasado, me siento orgullosa de mi madre, quien se esforzó sola y logró hacernos, a mis hermanos y a mí, gente de bien. Además no soy la última ni la primera que se crece sin un padre”, dijo con firmeza.
A los 22 años se estableció en la capital panameña para trabajar como profesional de la belleza y ejecutiva de ventas, pero después de dos años se fue a Italia a conocer a su sobrino recién nacido, hijo de una de sus hermanas, quien residía en este país.
El flechazo
Lo que inicialmente se planeó como solo una visita se convirtió en toda una vida. Con una chispa de picardía, la chiricana cuenta cómo se enamoró de quien hoy es su esposo. “Era un mirar y mirar... y desde que salimos la primera vez no se me ha despegado más...”, dice alegremente Saldaña.
Saldaña conoció a su esposo, Enrico Samer, cónsul honorario en Trieste y propietario de la compañía Samer & Co shipping, que tiene la concesión para operar el puerto de Trieste, en una reunión de amigos a la que fue invitada por su hermana el mismo día que llegó a Italia.
Antes de llegar al matrimonio, Otilia y Enrico se tomaron un año para conocerse bien. “Este es el tiempo decisivo, allí es cuando te das cuenta si quieres pasar el resto de tu vida con tu pareja o prefieres dejarlo, afirmó.
En el caso de esta pareja, Cupido realmente acertó porque el año les sirvió para darse cuenta de que eran el uno para el otro.
Nace una artista
Posteriormente, llegó a formar parte del club de esposas de los rotarios de Italia, la presidenta del grupo le sugiere dedicarse a la pintura, debido a que Otilia tenía la costumbre de hacer las tarjetas de cumpleaños y pintarlas ella misma, sin percatarse de que poseía un talento innato.
“La presidenta del club me dijo: oye, Otilia, por qué si te gusta tanto esto no pintas; yo simplemente contesté: ¿por qué no?, ya que las cosas nuevas traen emoción. Hay que aprovechar las oportunidades y hacer lo que a uno le llena el alma, lo que le apasiona, no se deben postergar estas ambiciones, es prohibido dejar que pasen los años, que pase la vida, es necesario actuar”, cuenta con entusiasmo Saldaña.
El primer hijo de la panameña estaba recién nacido cuando esta incursionó en el arte, inicialmente solo dibujaba, pero en busca de color y vida para sus creaciones, comenzó a tomar clases con un maestro francés, con quien pintaba frente al mar y a los diversos castillos ubicados en Trieste, ciudad fundada en la época romana, cuyas edificaciones cuenta su legendaria historia.
Para mi primera muestra, pinté el retrato de la mujer guna, de la chocó, nuestros pájaros y molas, porque quería dar a conocer mis raíces, de las que me siento orgullosa, y en realidad mis pinturas tuvieron una buena acogida, principalmente en parejas jóvenes”, dijo.
“Mi finalidad con esta muestra fue dar a conocer nuestras raíces, nuestra cultura, lo autóctono de Panamá, pues me siento muy orgullosa de ser panameña y deseo que la gente en Trieste conozca la belleza de mi país”, continuó.
Su segunda muestra fue para la Barcolana, una actividad muy importante en Trieste, a la que llega gente de todas partes del mundo para hacer la competencia de la vela, solo barcos con vela y eso trae a miles de personas a Trieste. Para esta actividad le encargaron hacer una muestra de barcas, así que se inventó hacer el retrato de la vela.
Otilia sigue llevando a cabo muestras en las galerías de la localidad y continúa estudiando pintura, ahora con un artista esloveno hiperrealista.