No tengo nada en contra del excampeón del mundo, el panameño Ricardo “El Maestrito” Córdoba, pero hoy no puedo pasar por alto levantar mi voz de protesta, porque considero que su ingreso a las clasificaciones de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) representa una “cantinflada” de esta entidad para los que vemos este deporte de una forma seria y responsable.
Córdoba cumple hoy su tercer día como el decimocuarto retador al título mundial del peso supergallo (122 libras), según las clasificaciones correspondientes al mes de febrero de la AMB.
Lo sorprendente y bochornoso de la clasificación de Córdoba en la AMB es que se da después de que el pasado 3 de febrero le puso fin al año, dos meses y 20 días que tenía de inactividad.
Pero aquí no termina todo. Lo más criticable del fin de esa inactividad, que debió ser tomado como el punto principal para evaluar de forma seria y responsable el ingreso de Córdoba en las clasificaciones, es que derrotó a un púgil de 36 años de edad que fue sacado del fondo de la tierra, de un cementerio en Colombia. Hablo de Miguel “El Pambe” Cogollo, quien antes de ser noqueado por “El Maestrito” tenía cuatro años, 10 meses y 10 días de no subirse a un cuadrilátero.
Solo este detalle echaba por tierra cualquier solicitud de clasificación para “El Maestrito”.
Sin embargo, la AMB presenta la siguiente justificación: porque Córdoba es un excampeón mundial de su entidad. Así me lo confirmó ayer el propio presidente del comité de clasificaciones de la AMB, el panameño Miguel Prado.
A todos los directivos de la AMB solo quiero dejarles claro que este tipo de decisiones no le hacen ningún bien al boxeo, ni menos a un boxeador que ya anunció que ha vuelto este año para retirarse al final del mismo. Un púgil que ya dio todo lo que tenía que dar en un deporte tan difícil como lo es el boxeo.