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Otra Opción Para Historiar

Algunos sostienen que el documento tiene "precisión cronológica", factor importante entre los historiadores para ubicar temporalmente la investigación y les responde que el tiempo cronológico no es el único tiempo que se conoce


HAY UN DICHO común que dice "que en la variedad está la diferencia". Yo me sumo a todos aquellos que comparten el mensaje y lo aplico a mi profesión de historiadora. Si los recursos para hacer la historia son diversos, de hecho tendremos una historia más enriquecida. Si esa historia deja de ser la de un grupo social y se ocupa de historiar a todos, tendremos entonces otra historia. Así reconozco y veo la importancia de la historia oral.
"Tradición oral" e "historia oral" son términos frecuentemente confundidos, de manera que conviene definirlos. Cuando hablamos de "tradición oral" nos referimos "a los recuerdos del pasado trasmitidos y narrados oralmente, los cuales surgen de manera natural en la dinámica de una cultura y a partir de ésta" (RAMP:12). Hay tradición oral en todas las culturas. Un ejemplo son los chistes o los cuentos del tío conejo o las nanas que cantan las mujeres dules para dormir a sus hijas e hijos.
"La historia oral" en cambio, es "una actividad o un proceso por medio del cual se indaga sistemáticamente y bajo métodos, problemas y puntos de partida teóricos, los recuerdos de las personas" (RAMP. Idem). Estas indagaciones y sus respuestas se graban, se transcriben y se cotejan o se complementan con documentos que sean necesarios para el análisis histórico. De manera que hay una "labor sistemática de recuperar y utilizar la tradición oral" (Folgueras:4), a fin de producir conocimientos históricos y científicos y no simplemente "ejercer una relatoría sistemática de la vida y experiencia de los otros"(Aceves:10).
La historia oral se usó desde los tiempos de la Grecia Antigua y hoy día está adquiriendo gran valor, pero tiene detractores en la academia y profesionales que niegan su valía.
Aunque desde la década de 1950 en Estados Unidos e Inglaterra y después en otros países como México y España es de uso común, en Panamá casi no es utilizada por historiadores/as, sí por antropólogos/as, folklorólogos/as y sociólogos/as. El libro La gente pobre de Panamá, víctimas, agentes y hacedores de la historia, es un ejemplo de su empleo por una antropóloga. Memorias de un criollo bocatoreño, de Stanley Heckadon, y Los trabajos de Dora y Manuel Zárate, lo son para el folklore. Con mi libro Producción y comercio en la sociedad rural de Penonomé, durante los primeros cincuenta años de la república, demuestro el manejo de este recurso por una historiadora.
El primero en usar el término fue Allan Nevins, estadounidense y periodista, en 1948, cuando funda en la Universidad de Columbia, una oficina de historia oral. Precisamente Estados Unidos e Inglaterra poseen abundantes y ricos archivos de historia orales que generan publicaciones periódicas y cursos que estimulan la historia oral, como sucede en algunas escuelas secundarias. Panamá no los tiene. Algunas emisoras y televisoras cuentan con grabaciones de programas, entrevistas y entretenimiento, pero su archivo no se guarda regular ni sistemáticamente y en muchas ocasiones las cintas son eliminadas. La Biblioteca Ernesto Castillero R., posee una donación de las grabaciones hechas por el folklorólogo Gonzalo Brenes.
Dice Jorge Aceves Lozano ( ) y así también lo asegura Peter Burke (1992: 11-37), que la historia oral surge en un momento en que se critica el quehacer intelectual de la disciplina, que hasta ese momento destacaba la narración y cronología de gobernantes, reyes y reinas, valoración dada por la historia oficial. Resultado de esa crisis fue la demanda de propuestas alternativas donde se ampliasen "los métodos, temas y problemática de la historia contemporánea". La "historia oral" surge justamente de esa disyuntiva. Frente a una historia acartonada, con métodos y temas limitados, se opone una historia renovadora en sus problemas, métodos y técnicas de investigación y en su temática. Si la historia tradicional privilegió mayormente a las clases poderosas, a las instituciones y grupos con poder, la historia social, de la cual es parte la "historia oral", advirtió la presencia de sectores sin voz y de ellos se hizo eco. Advertir a esta gente significó considerar a todos los grupos sociales y reconocer sus diversas y complejas interacciones, de manera que no sólo se estudiarían los personajes destacados sino también la gente común.
En relación con las fuentes se dispuso utilizar no sólo las generadas en las instituciones gubernamentales o la iglesia. Así al incorporar nuevos sujetos a la investigación se produjeran otras fuentes como los objetos de la cultura material (los muebles por ejemplo), las fotografías, la obra pictórica y la tradición oral. Este último, el recurso más común de quienes poco tienen y por consiguiente no generan documentos, ni cuentan con propiedades para registrar; pero sí conservan por ejemplo, conocimientos de cuándo cortar la madera según las fase de la luna para que ésta no se dañe o, a qué distancia sembrar los granos de maíz para que las plantas no compitan entre ellas, en suelos poco fértiles y no abonados.
Hay resistencia para usar la historia oral como fuente. Según Prins (1993:159), algunos sostienen que el documento tiene "precisión cronológica", factor importante entre los historiadores para ubicar temporalmente la investigación y les responde que el tiempo cronológico no es el único tiempo que se conoce, está el propuesto de acuerdo a una realización específica como la agrícola (un ejemplo panameño es el relativo a "la tarea" entre los santeños). También se aduce que las fuentes escritas son múltiples, las cuales se utilizan para asegurarse de que lo que se leyó en el primer texto es veraz.
Con la "historia oral" las confrontaciones se dificultan, a pesar de que en una comunidad puede haber variantes de un mismo tema. También agrega que causa incomodidad que esta historia se encargue de temas en apariencia intrascendentes como la vida cotidiana, las enfermedades, las creencias y se desarrolle en el ámbito de la microhistoria o pequeña escala, anteponiéndose a la historia general o nacional (Prins; 1993:151-152).
Los argumentos antes esbozados se aplican a nuestro medio, pero yo agregaría que a la oralidad no se le da mayor importancia ni validez, porque muchos trabajos que emplean este recurso han sido presentados sin mayor análisis y sin contexto, quedando la investigación como una simple recopilación y en consecuencia demeritada. Por otro lado se asume que la fuente oral es el recurso por excelencia de antropólogos, sociólogos y folklorólogos, resistiéndose a su uso. Al no dimensionar la importancia de la interdisciplina, se limitan también al uso de fuentes diversas.


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179605
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América