El fracaso o revés derivado por el Gobierno de Ricardo Martinelli frente a la sede de los Juegos Bolivarianos es uno de los hechos más negativos que pueda registrarse en la historia del deporte nacional. Lo que comienza mal, termina mal.
Panamá no había sido sede de los Juegos Centroamericanos. El Gobierno hizo toda clase de presiones para lograr esos Juegos, la sede no fue obtenida por las rutas de la persuasión como se logran esos escenarios.
Los líderes del gobierno de Martinelli hicieron toda clase de promoción a esas competencias, trazando una ruta políticamente abonada en cada cuña publicitaria que se lanzaba a los cuatro puntos cardinales.
Los sabios políticos del gobierno se aprovecharon del evento para sacar sus dividendos, así lo esperaban de los Juegos Bolivarianos o del Mundial de Béisbol o de cualquier torneo.
Hay algo que resulta innegable, el Gobierno carece de los elementos valiosos que puedan apuntalar desde adentro o desde afuera un acontecimiento tan fausto como el que nos ocupa.
Ahora solamente queda el recurso del Mundial de Béisbol que de momento la sede no ha sido otorgada y no tiene asiento, y cuya concesión no tendría ninguna dificultad. La negociación política entre el presidente de la Federación de Béisbol, Frank Wever, y los gobernantes de turno sería lo más fácil del mundo.